Pan y Circo

El Foro de Valencia estaba cerca del espacio que la ciudad romana dedicaba al espectáculo: era una especie de premonición

F. P. PUCHE

Te vas de viaje y al regreso la gran novedad es que en Valencia se ha instalado el Circo. Los circos, porque cada partido tiene el suyo abierto, para preparar unas elecciones a cara de perro, a cara o cruz, de rojos y azules... Además, para que nada falte, está el Circo Romano de la ciudad, levantado en el siglo II, que se constata ahora a través de un nuevo hallazgo, en una cripta visitable de San Juan del Hospital.

Albert Ribera, el arqueólogo municipal jubilado hace poco, escribió ya sobre nuestro Circo en 1998, cuando coordinó el libro-resumen de medio siglo de actividad del SIAM, el Servicio Arqueológico Municipal. En el prólogo, la alcaldesa Barberá apuntó que «los hallazgos arqueológicos constituyen acontecimientos tan frecuentes en Valencia que casi podría decirse que forman parte de la cotidianidad»; la concejala de Cultura, María José Alcón, señalaba que el Circo romano era una novedad de la que el libro se ocupaba en primicia. El arqueólogo, en efecto, ponderó la importancia de ese lugar de esparcimiento público, que iba desde la sede que CC.OO. quiere convertir en apartamentos hasta el Colegio del Patriarca, al otro lado de la calle de la Paz.

Ribera, en sus trabajos, ha usado siempre el Circo para ponderar la especial importancia de la Valencia romana. El lugar dedicado por los valentinos a los espectáculos públicos era tan grande como la ciudad misma, una superficie «que equivale a la extensión ocupada por el terreno de juego de tres campos de fútbol alineados longitudinalmente». Los textos de Ribera sugieren sutilmente la gran relación, casi de simbiosis, de los dos centros cívicos clave de las ciudades romanas, el Foro y el Circo; el libro de referencia presentó el plano de ambos, unidos por el Decumanus, vía principal que ahora llamamos calle del Almirante y plaza de San Esteban. Política y espectáculo, así, se aproximaron cuanto pudieron, hasta esa viciosa interdependencia que Juvenal denunció en sus 'Sátiras', cuando señaló que «este pueblo ha perdido su interés por la política» y «ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo».

«Panem et circenses». El populismo, inventado en Roma, y enquistado en el Mediterráneo, va a seguir siendo primordial en las elecciones de 2019. Y en las decisiones sobre la fecha de convocatoria electoral. Porque hasta González Pons se ha venido a sumar a esa frivolidad del adelanto electoral que Ximo Puig ha anunciado. Se trata de «conseguir que se cumpla nuestra vieja aspiración de no ser relegados. De resultar visibles», dice el europarlamentario en un delirio de infantilismo parecido al que llevó a regalar pan en busca de votos para el Foro.

Antes de la Valencia con Circo hubo otra, la republicana, que acabó muy mal hacia el 70 antes de Cristo. «Frente a las tabernae de las termas de l'Almoina», o sea a cuatro pasos de la Generalitat, aparecieron once esqueletos. «Fueron ejecutados y troceados, algunos con extrema crueldad», escribió Albert Ribera.