Cipriano Ciscar

Un hombre que lo ha sido casi todo en el PSOE deja la política activa después de cuarenta años de trayectoria

F. P. PUCHE

El hombre de los tres nombres -Cipriano, Cebrià y Ciprià- anuncia su marcha de la política activa. Y yo siento que esto se va dando por amortizado, que la generación del 78 se nos agota y que los políticos que están en el pescante desde la noche de los tiempos van retirándose al sol, como es de justicia. Nos queda uno, Joan Lerma I, el Incombustible, cinco años más joven que el que fue su conseller, compañero y martillo; y el día en que anuncie que también lo deja somos muchos los que ya no sabremos qué hacer en esto de la política.

Se marcha Ciprià Ciscar y es ahora, siete legislaturas después, cuando se puede hacer balance del valor global de algunos políticos inteligentes y batalladores, siempre controvertidos pero positivos, que tuvieron la osadía de plantearse escenarios nuevos en los que valía la pena intervenir. Su acción en Valencia durante los ochenta, la Ley de Uso del Valenciano, la creación del IVAM y del Museo del Carmen, la primera ley de Patrimonio y el Consell Valencià de Cultura, la Radio Televisión Valenciana y su ilusión de convertir el Carmen en un barrio de vocación cultural y artística, quedan en la historia de la Comunidad Valenciana como huellas que no se pueden ignorar.

Se anuncia que Cipriano Ciscar se va, y es ahora cuando se entiende que la 'fontanería política' es mucho más que artimaña, trampa y traición. El que fue número dos del partido con González y Almunia, trabajó para mostrar que organizar bien sumideros y tuberías pueden llegar a ser una de las bellas artes por los caminos de Maquiavelo y Fouché. Años después de Abril Martorell y Broseta, años antes que Ábalos, Ciscar fue el valenciano con más poder político en Madrid.

Se publica que Ciprià Ciscar lo deja y no se puede dejar de evocar a un hombre que sabía imponer sus ideas sin extremismos radicales y cuidaba con mimo los matices de su decisión. Porque amaba lo público sin despreciar lo privado, sabía perfumarse de nacionalismo sin dejar de ser socialista y nunca dejó de entender cabalmente los mecanismos y reglas del Estado constitucional. Convencido de que España no se sostiene con pintura monocolor, él fue de los primeros en demostrar al socialismo que Valencia puede y debe hacerse visible en Madrid.

En diciembre próximo, cuando el sorteo de la Lotería, se cumplirán cuarenta años, cuarenta, de la salida de la presidencia de la Generalitat de José Luis Albiñana. Ahí comenzó el PSPV-PSOE una historia, desconocida para muchos, en la que Cipriano Ciscar, primer alcalde democrático de Picanya, siempre ha estado presente. Desde su despacho, en Campanar o en la calle de Ferraz, desde el Congreso o el Senado, su sagacidad para mover hilos ha sido proverbial y casi siempre positiva. Su último gran servicio, coser las costuras de lo que se llamó Pacto del Botànico entre socialismo y nacionalismo, ya no se va a repetir. O... quién sabe.