CINE EN SEMANA SANTA

CINE EN  SEMANA SANTA

En estos días las teles se olvidan siempre de programar 'Ordet', obra maestra de Dreyer sobre la fe y la resurrección

RAFA MARÍ

T ema religoso.En el cine con tema religioso no solo tenemos las populares películas 'La túnica sagrada' (Henry Koster, 1953), 'Marcelino, pan y vino' (Ladislao Vajda, 1954), 'Los diez mandamientos' (Cecil B. de Mille, 1956) o 'Ben-Hur' (William Wyler, 1959). Hay más títulos de calidad. En Semana Santa, las teles y filmotecas se olvidan siempre (o casi siempre) de programar 'Ordet' ('La palabra', Carl T. Dreyer, 1955), obra capital sobre la fe y la resurrección (dos alegorías inagotables). Una historia bellísima, también visualmente, capaz de hacer llorar de emoción a creyentes y no creyentes. En 'Ordet', la fe que lleva al milagro nace en el corazón de una niña y de un loco (otras dos sugerentes alegorías).

'Casi'. He escrito antes 'casi siempre'. Es de justicia citar alguna excpción. El TEA, centro de arte contemporáneo de Tenerife, programó en la Semana Santa de 2017 la película de Dreyer. Que yo sepa, en los círculos culturales nadie más se ha acordado de 'Ordet' en estos señalados días.

Otras grandes películas. Además de 'Ordet', recomiendo -para ver ahora o en cualquier otra ocasión- tres películas soberbias de tema religioso: 'La canción de Bernardette' (Henry King, 1943); 'Nazarín' (1958: las andanzas de un hombre de Dios que vive en la pobreza, contadas con misericordia por el ateo Buñuel), y la prácticamente desconocida 'El hombre que no quería ser santo' (Edward Dmytryk, 1962, en la que está muy bien incluso Maximilian Schell, lo que no es exactamente un milagro pero se le parece mucho).

'Los pianos mecánicos'. En el libro autobiográfico 'El joven sin alma' (Anagrama), Vicente Molina Foix -ilustre ilicitano- relata que en 1965 recibió una carta en la que su amigo Ramón (Terenci Moix) le decía: «Tienes que replantearte lo nuestro, porque como le dice Melina Mercouri a Hardy Kruger en 'Los pianos mecánicos' (un Bardem nada desdeñable, que tendrías que revisar), 'lo nuestro no marcha'...».

Ganas locas. Al leer este párrafo excesivo de Terenci Moix me entran unas ganas locas de ver de nuevo 'Los pianos mecánicos', convertida medio siglo después en una morbosa rareza en la filmografía de Juan Antonio Bardem.

Escapada. Hablando de ganas locas. En facebook expresé un deseo que quiero hacer realidad en breve. Vuelvo a contarlo: «Viajar en tren. Yo solo. Paisajes y lecturas. Llegar a una ciudad, no importa cual (Alicante, Tarragona...). Hospedarme en un hotel sencillo. Pasear por el centro sin un plan concreto. Olvidarme del ordenador, de facebook... Comprar prensa. Fijarme en la gente y la arquitectura. Ir al cine (apenas lo hago, veo las películas en la tele). Cenar en un buen restaurante. Llamar a los tuyos: «¿Estáis todos bien?». Y al día siguiente regresar a Valencia sin ninguna aventura que contar, salvo las mentales. ¡Por fin en casa!».

Planazo. ¿Por qué fue tan bien acogida esta modesta aspiración? Tuve 135 'me gusta' (el triple de cualquier comentario en mi muro) y alrededor de 40 amigos revelaron que les atrae la propuesta. «Te recomiendo que no dejes de hacer esta envidiable escapada», dice Juan Manuel Granda. «Hay que desconectar alguna vez» (Mª Teresa Palacios). «Absolutamente necesario», (Mayca Maqueda). «Un planazo», asegura Mar Monsoriu. «Me fascina el tren como medio de transporte. En tren viajé hace años hasta Grenoble. Sola, leyendo. Maravilloso. También he cruzado China y Tailandia. Uno de mis sueños: el Transiberiano», cuenta Rosa Domínguez. «Plan fascinante» (Carmen Romero).

Identidad. Quizá toqué la tecla de algunas secretas aspiraciones en el imaginario de mis contactos en las redes sociales. Y no creo que se trate únicamente la de viajar en tren. Puede que en este 'planazo' el auténtico y oscuro objeto del deseo sea el de difuminar la propia identidad social -no conocer a nadie y que nadie nos conozca; nadie o muy pocos, a los que no llamaremos al llegar a su ciudad- y vaciar de compromisos nuestra agenda, tan atiborrada de citas.

Sin biografía. No tener biografía ni obligaciones, al menos durante 24 horas, ser amable con los extraños, dejar aparcados un par de prejuicios... No es cuestión de exotismo o diversión, es cuestión de libertad.

 

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