Las cinco han vuelto, las ranas croan

Las cinco han vuelto, las ranas croan
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Hace tres años vino una pareja, hicieron cuidadosamente su nido en la parte más alta de un pilar, junto al techo del porche de mi caseta al pie de la Puntalna, apocopando los nativos el nombre oficial de Punta de Anna, la histórica y monumental villa valenciana.

Se fueron a principios de octubre pero ya tres, pudieron criar una. Al principio de la primavera del año siguiente volvieron las tres pero se fueron cinco. Este año vinieron las cinco los primeros días del mes de marzo. Se instalaron en su vivienda felizmente desocupada. Ahora anidan por turnos.

Cuando llego se acercan, dan dos o tres pasadas por el porche, cerca de mi testa, emiten un agudo y corto sonido de bienvenida, quiero creer, y vuelven a sus quehaceres.

Mi alegría es inmensa, y no solo por lo que considero un saludo, si no por ver cómo el reino animal se adapta y permanece resistiendo todo el veneno con el que permanentemente nos deshacemos de la mayor parte del alimento de los compañeros inseparables nuestros en la gran y extraordinaria aventura de la vida sobre la Tierra, con la que nos ha premiado la divina providencia.

Croan las ranas, ¿pasará algo? Duerme tranquila le respondía yo a mi mujer cuando pasábamos la noche estival en nuestra caseta de campo, debes preocuparte cuando dejen de croar. Sencillamente, le respondía, porque es indicio de que han detectado algo no habitual en las cercanías. La presencia humana siempre les pone en guardia.

Sin embargo, croan al principio de la primavera pero, cerca del verano, en los últimos años, observé que ya no croaban, lo que iba unido a un hecho mucho más alarmante: los cucharones, nombre en mi lengua vernácula de los renacuajos, desaparecieron.

El primer año en que lo observé pensé en que se había terminado la metamorfosis y que, ya ranas, serían menos visibles. Más tarde comprobé que las ranas también habían desaparecido y que, era ya muy difícil, ver alguna.

Lo comenté pero nadie lo había observado.

El año pasado deduje el motivo tras otra observación con resultado comprobado. No solo desaparecían los renacuajos sino también los peces de las balsas de riego donde campaban a sus anchas desde hace muchos años. A los renacuajos-cucharones-ranas hemos de añadir las abejas, a miles en los bordes de una balsa de riego, rascando con sus pinzas en el verde musgo hasta formar una pequeña bola con la que levantaban el vuelo, trasladándose a las colmenas cercanas para construir las celdas donde, en el alimento-miel depositarán los huevos de las futuras abejas.

Hoy, apenas unas docenas la frecuentan.

En cambio, durante los últimos años, especialmente el pasado, hemos soportado plagas crecientes de mosquitos que invaden nuestros pueblos y ciudades, sus campos, calles, plazas y viviendas. Anna no es una excepción.

Es posible relacionar ambos fenómenos, la desaparición de ranas con la proliferación de mosquitos.

La drástica disminución de ranas, abejas y peces tiene su causa y sus verdugos, los verdugos somos los humanos que, por obtener un beneficio nos perjudicamos mucho más pagando un altísimo precio.

Se trata, simplemente, de limpiar conducciones de agua para el riego con un producto que elimina la vegetación subacuática que prolifera en ellas, o las raíces de vegetación cercana que las invade. Debiendo añadir que esta vegetación o raíces es difícil de eliminar mecánicamente, necesitando hacerlo no obstante por lo que su presencia y extensión plantea.

El sulfato de cobre, alguicida, es el culpable. El agua de la acequia-madre era azul, el de las acequias adyacentes azul, el de las balsas azul. En una de ellas boqueaba la única carpa que había sobrevivido a invasiones anteriores.

Advertimos del hecho a los responsables planteándoles el problema y dejando en sus manos la solución, ante la disyuntiva o buscar otro sistema o cargar con la responsabilidad de hacer difícil y peligrosa la vida en el pueblo ante la creciente proliferación de mosquitos.

No obtuvimos respuesta entonces, cuando llegue el verano comprobaremos si nuestra advertencia ha caído en saco roto o ha sido asumida.

Las golondrinas continuarán dándonos alegrías, esperemos ver cucharones y abejas como antaño para que la dicha sea completa. ¿Será posible? Ya vorem.