CIEN DÍAS DE PAN Y CIRCO

Manu Ríos
MANU RÍOS

Panem et circenses. Desde los romanos, la artimaña de distraer al pueblo con ocurrencias varias, llamadas globos o bombas de humo, sigue siendo utilizada por el poder y sus palmeros. A cien días de la llegada de Sánchez a Moncloa, el marketing se ha adueñado del palacio presidencial. No en vano, la señora de la casa Begoña Gómez, asesora a su marido con lo que aprendió en su no licenciatura oficial de marketing y en su no master oficial de Business Administration (MBA) de ESIC. Es curioso comprobar como los mismos que hicieron campaña anti Cifuentes y Casado por «quítame aquí un master», ahora callen contra el currículo maquillado de la primera dama y las subvenciones que recibe. Serán cosas del calor que ralentiza el metabolismo. Y la vergüenza.

Gobernar a golpe de marketing no es un delito, es un timo. El tiempo que se invierte en marear se desinvierte en gobernar. Dirigir un país es algo infinitamente más serio.

Sánchez prometió elecciones antes de llegar a Moncloa y cuando llega, cambia por «agotaré la legislatura». Tres cuartos de lo mismo con los secesionistas. Pasó de formar un frente compacto junto a PP y Ciudadanos para evitar la ruptura de España, a pactar su sillón de presidente y su pensión vitalicia, con quienes quieren romperla. Lo que ofreció a cambio, no tardará en saberse.

No tardaron las críticas y levantó un circo a varias pistas. Su aparato le revistió del buenísmo que usó ZP y apareció el show del Aquarius y el anuncio de Grande-Marlaska de quitar las concertinas de Ceuta y Melilla. Un ministro bicoca para el marketing. Suya es también la propuesta de abolir el reglamento de la Guardia Civil que prohíbe a los agentes enseñar tatuajes, piercings, rastas o trencitas de colores, porque atentan contra su intimidad.

Un asunto tan prioritario como la ilegalización del sindicato de las prostitutas, la presidencia de RTVE, el cese-dimisión del ministro de Cultura o la exhumación de la momia de Franco y que en las televisiones ya está alcanzando tintes de show de Benny Hill.

Por el contrario, olvidan hablar del nuevo impuesto al diésel, de la mayor subida del precio que de la luz de los últimos años, de la destrucción de 203.000 empleos o de la caterva de subidas de impuestos que nos esperan como IRPF o sucesiones. Asuntos muy serios junto al plan de Sánchez/Iglesias para desactivar las competencias del Senado (en manos del PP por voluntad popular) para que no pueda tumbar las leyes que haga el gobierno. Las urnas no le han dado a Sánchez la autoridad para hacerlo.

Tras el periodo de gracia de los cien días, es el momento de virar el rumbo y comenzar a construir un gobierno, que aunque no sea brillante, al menos sea solvente. Tres meses de pan y circo son más que suficientes. Ahora lo que toca es gobernar.

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