Cien días de oro

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Si descontamos los domingos y fiestas que hay entre el 12 de enero y el 26 de mayo, la candidata por el PP a la alcaldía de Valencia, la diputada y profesora Mª José Catalá, cuenta con cien días para conseguir que cambie el gobierno del Cap i Casal. De la misma forma que la primera guerra mundial necesitó la ofensiva de los cien días para generar un armisticio, doblegar a las tropas y dar por concluida la guerra, así Catalá necesitará programar cada minuto para provocar el retroceso progresivo de las fuerzas enemigas.

Como bien saben los ciudadanos, el proceso de nominación no pasará a la historia de los manuales como modelo ejemplar en la construcción de una candidatura. No sólo por las dificultades internas de un partido que tanto en la ciudad como en la provincia está presidido por gestoras desenganchadas de los votantes tradicionales, sino por las dificultades externas de otros agentes políticos interesados en la fragmentación cainita del valencianismo moderado. Un valencianismo que derribó el paleo-socialismo en los primeros años del cambio que promovieron Barberá-Lizondo-Zaplana.

Curiosamente, son los mismos cien días que VOX ha concedido al gobierno que posibilitarán Ciudadanos y el PP en Andalucía para mantener el pacto firmado con estos últimos. Lo que significa que no solo hay que dedicarse en cuerpo y alma a la ciudad de Valencia, sino a trabajar con la vista puesta en las estrategias de otros agentes políticos que también pescarán con legitimidad en las aguas del valencianismo moderado. Son agentes políticos que cada día lo tienen más fácil para captar el voto del hartazgo del ciudadano medio. La suciedad de determinadas zonas, la falta de iluminación o seguridad en otras, los cortes de tráfico, los cambios de direcciones, los atascos innecesarios o las obras inmisericordes tienen harto al ciudadano medio.

Además del caos generado por los servicios de inmovilidad insostenible, la lentitud administrativa, la partidización de la administración, el incremento de la burocracia, el olvido de los barrios, la des-programación cultural o el abandono de los comerciantes, no hay un modelo cultural para los ciudadanos del siglo XXI. El modelo pancatalanista de Compromis, Unidos-Podemos y el PSPV están pensados para ecosúbditos clientelarmente subvencionados, no para ciudadanos vecinal y globalmente comprometidos.

La candidata tiene que ganar la baza del talento para su proyecto de ciudad. Un talento con el que Valencia podría liderar los cambios que necesita una mediterránea economía digital. Lo puede tener fácil si en lugar de pensar en las cuotas o números de los partidos, se concentra en el orgullo que siente el ciudadano medio cuando presume de ciudad. Una expectativa de cambio ciudadano que se despierta en este frío tiempo de rebajas para que la candidata aproveche los 'cien días de oro'.

 

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