Ciberataques o incapacidad

Si la piratería digital puede apagar un país es que confiamos demasiado en sistemas que pueden irse de las manos

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Es para asustarse. Todo el futuro está en la digitalización a ultranza; la automatización ha de llegar algún día a ser total, y es además tan buena y conveniente... Nos van convenciendo poco a poco de que nos interesa quedar en manos de las máquinas, porque son perfectas, nos dicen, en tanto que los humanos somos tan imperfectos, imprevisibles y manirrotos. Cada vez más, lo malo que nos rodea se debe a la mano del hombre. O sea, que nos van dejando aparcados, con las potencialidades a medio gas, limitados poco a poco a lo más esencial e intransferible, redes sociales incluidas. Ahí te quiero ver.

Entre tanto vemos que unos aviones se caen seguramente porque su automatización es tan exagerada, tan perfecta, que vuelan solos, pero en determinadas circunstancias los sensores pueden detectar que el morro se levanta más de la cuenta cuando no ocurre tal cosa, pero como si fuera, y entonces el cerebro mecánico lo agacha, y sigue agachándolo hasta chocar, sin que los cerebros de los humanos acierten a tiempo qué hacer o desconectar para evitar el desastre.

Pasa a veces con las centralitas de los coches, aunque afortunadamente sin desenlaces tan fatales. Falla un circuito impreso y se queda el vehículo bloqueado. No lo mueva por si acaso, que a saber. Se lo lleva la grúa, el mecánico lo escanea, hace un diagnóstico casi hospitalario y le cambia una cajita. Son ochocientos euros del ala. Y a rodar. La electrónica que abarata, la electrónica que complica y nos deja inhábiles. Ya verán cuando la domótica se generalice en las casas. Querremos guisarnos cualquier cosa y no habrá manera, porque se habrá rayado vete a saber qué artilugio nimio. Y que no le dé por bloquearnos puertas y ventanas.

Si la piratería digital puede apoderarse de los datos que quiera y dejar a oscuras todo un país, como ha ocurrido en Venezuela, es que estamos confiando demasiado en sistemas que se nos pueden ir de las manos y no hay quien los controle a tiempo.

Para el caso da igual que los causantes del apagón general venezolana fueran estos o aquellos, incluso que se debiera a la desorganización que va generalizándose en las estructuras del país. Porque el resultado fue el que fue: fallo multiorgánico y duradero. Prueba de que no había manos humanas atentas a resolver con rapidez el galimatías. Por supuesto que se habrán sumado infinidad de incapacidades, de ahora y gestadas a fuego lento, pero la conclusión fue que no había forma de restituir el servicio y que el problema duró varios días y costó vidas y enormes pérdidas económicas.

Estamos indefensos y vamos camino de quedar sin capacidad de reacción para apretar una clavija a tiempo o mover una manivela que ponga en marcha de nuevo la central eléctrica o abra la gran esclusa. Se lo hemos confiado al ordenador central, que no falla, hasta que descubrimos que ha hecho tongo hasta en las urnas electorales digitalizadas.