CHISMES CHIVATOS

RAMÓN PALOMAR

Instructiva y divertida la biografía que escribió Emmanuel Carrère sobre la vida y obra del escritor de cienciaficción Philip K. Dick. Una novela suya que se me antoja espesa alumbró la película 'Blade runner'. Solo por eso ya le quiero. Además, era un paranoias tremendo. Aseguraba que los gobiernos nos vigilaban mediante subterfugios y que nosotros no éramos sino unos peleles en sus ladinas manos. Creí que estos derrapes suyos se debían a la exagerada ingesta de tripis y anfetas, que el hombre vivió la época jipi californiana con todas sus consecuencias. Pero estoy modificando mi opinión...

Me lo contaron Juanjo Vila y Óscar de Torres, dos ingenieros telecos. El primero dirige una empresa aquí en Valencia y el segundo en los USA. Me lo ratificó Adolfo Plasencia, que sabe un huevo y parte del otro en estos asuntos. Nos vigilan. Nos controlan. Sí. Pero no un pasma turbio como Villarejo, una cotilla como la vieja del visillo o un detective huelebraguetas y perdedor dotado de eterna halitosis. Estamos sometidos al repugnante imperio de los algoritmos y la correa de transmisión que se chiva es nuestro telefonillo móvil inteligente. El chisme que usted guarda ahora sobre la mesa o en su bolsillo escucha atento, pertinaz, inagotable. Y ciertas palabras desencadenan su furia vía el servidor que usamos, de ahí el posterior bombardeo y la inevitable manipulación. Esto me escandaliza y subleva, pero cuando lo comento por ahí la respuesta que choca contra mi cráneo es la de «¿Y qué? Yo no tengo nada que ocultar». Esto, de entrada, sería discutible, pero en el fondo no importa; el meollo reside en la mansedumbre colectiva y el comportamiento borreguil que nace del pensamiento perezoso y la docilidad del confort. Violan nuestra sacrosanta intimidad pero lo toleramos felices. Philip K. Dick tenía razón.