CHERNOBYL

NACH0 COTINO

El asalto a Stamford Bridge abrió una ventana de esperanza por la que ha podido entrar el mínimo de oxígeno como para aliviar la nube tóxica que se cernía sobre el Valencia CF tras los inexplicables acontecimientos de las últimas semanas. Cuando ya parecía casi inevitable colocarse la máscara antigás, al más puro estilo Chernobyl, por el insoportable hedor proveniente de Singapur, apareció el equipo sobre el terreno de juego poniendo fin al luto que había supuesto la abrupta salida de Marcelino y eso es, básicamente, lo que todo el mundo pedía a los profesionales que visten de corto. Más allá de la inoportunidad de las arbitrarias decisiones del máximo accionista y las reiteradas provocaciones del pirómano que tiene sentado en el sillón presidencial, el aficionado apelaba a la plantilla para que fuesen ellos quienes mantuviesen el nivel de dignidad necesario con el que intentar que el Valencia del campo tenga más parecido con la afición que con la dirigencia que viene demostrando reiteradamente no tener respeto alguno ni por la entidad misma ni por lo que la entidad significa para cada uno de sus aficionados. Y la plantilla, tras la debacle en el Camp Nou, respondió en Londres de manera inequívoca al cariño que había recibido de la afición en tantas ocasiones. Dio la cara en Stamford Bridge y desplegó por momentos una variante de recursos futbolísticos tan novedosa como esperanzadora. Parece claro que, en tiempo récord, los futbolistas han hecho propios conceptos tácticos muy prometedores procedentes de la cocina de Albert Celades que sale muy reforzado de la visita a Londres y gana algo de crédito para compensar su evidente falta de experiencia en banquillos de primer nivel. Hasta ahí todo bien a la espera de que lo visto en Stamford Bridge no se quede en flor de un día. A tal efecto, creo que el nuevo entrenador cuenta con la ventaja de haberse encontrado con un vestuario sano y honesto que ya ha demostrado cómo salir de una crisis deportiva y está libre de elementos nocivos, precisamente porque Marcelino hizo una buena limpieza en su momento que bien podría ser la mejor herencia que reciba Celades. Pero el árbol no nos debe ocultar el bosque porque el Valencia sigue estando en manos peligrosas. La intentona de Murthy del martes no sólo no sirvió para despejar dudas sino que soliviantó más si cabe al aficionado. Y es que este señor parece convencido de que el aficionado del Valencia es imbécil. Que se le puede mentir, que se le puede provocar y que se puede reír del valencianismo impunemente. Pero debe saber el presidente, porque el dueño está a 12.000 kilómetros y todo parece darle igual, que el valencianismo ya le ha cogido la matrícula y que ya no selo cree. Cuando se adentra la noche del miércoles y el presidente vuelve a vomitar improperios en su cuenta de Twitter anunciando luego que la habían hackeado, pocos creyeron que algo así se hubiera producido. A pocos extraña que volviese a revolcarse en el barrizal más hediondo.