CENTENARIO

NACH0 COTINO

Una vez extinguido el fuego purificador con el que los valencianos acostumbramos a iluminar la noche de San José y abre la puerta a la primavera, cabe dar una mirada hacia adelante y también otra breve hacia atrás para reubicarnos y trazar un camino. Y el camino sólo puede tener que ver con la enorme esperanza abierta ante la disputa de una final que bien podrían ser dos si la Europa League se nos pone de cara y la posibilidad de alcanzar una plaza para la Champions. Cierto es que el sufrimiento para superar al Krasnodar y la sequía ante el Getafe nos viene a recordar que al equipo le sigue faltando la mordiente de la temporada pasada a pesar de haber evidenciado una clara mejoría desde la llegada del nuevo año pero no es menos cierto que la entidad se ve ampliamente reforzada por el espíritu inequívoco de una afición que le empuja y que se ha protagonizado una emotiva declaración de amor en los pocos pero sentidos actos del centenario. Y es, precisamente, de lo ocurrido en los últimos días de lo que pretendo reflejar en estas líneas.

Desde el momento en que el club decide no destinar ni un euro de su presupuesto para la celebración y atendiendo a detalles como el hecho de que el accionista mayoritario ni siquiera haga acto de presencia el 18 de marzo, queda constancia que el centenario a Meriton no le interesa lo más mínimo. Pero son evidencias como estas las que hacen surgir iniciativas, entidades y personas que son capaces de tomar el relevo emocional del club ante la ausencia absoluta de sensibilidad por parte de quien debería haber abanderado un calendario de celebraciones. Y a ellos corresponde dar las gracias por imágenes imborrables vividas en Valencia: ver pasear por nuestras calles a leyendas de todas las generaciones, la visita a la Mare de Déu o el partido de leyendas en Mestalla el domingo... no es todo lo que se podía esperar de un hito tan importante pero ha sido su sencillez y sinceridad lo que lo ha hecho grande y emocionante. Sin la perseverancia y empeño de Fernando Giner y la Asociación de Futbolistas, sin la colaboración de la Agrupación de Peñas, sin los diversos espacios que el periodismo ha dedicado al centenario, sin iniciativas como la de la Falla del Tío Pep y el empeño de Luís Gómez -su presidente- en encontrar la comunión histórica entre el Valencia CF y las fallas y, fundamentalmente, sin el amor incondicional de los aficionados, el centenario del Valencia hubiera quedado en nada. Esa es la verdad, aunque resulte dolorosa. Resulta inexplicable que el club no sea quien haya cogido la bandera y haya hecho un esfuerzo real que fuera más allá del afán recaudatorio. Resulta inexplicable la ausencia de eventos relevantes nacidos de la propia institución y resulta patético que para el encuentro del domingo, el abonado, deba pasar por taquilla.