La Cayetana

El ataque a un candidato puede incluir denuncias de su intransigencia pero sin apelativos personales de menosprecio

Mª JOSÉ POU AMÉRIGO

Una de las razones de la buena imagen de Ximo Puig para los votantes no socialistas era su moderación. Gobernar junto a Mónica Oltra le daba la ventaja de poder presentarse como un político tranquilo y sensato. Ella era el torbellino, a pesar de haber intentado rebajar el tono en muchas ocasiones, y él, la ecuanimidad y el sentido de gobierno. Sin embargo, ha llegado la campaña y el presidente que veíamos atemperar todas las tormentas se ha desatado. Hay que ver cómo cambian el discurso en cuanto se enfundan el mono electoral. Es como pasar de una ponentà a una gota fría. Y la ciclogénesis explosiva llegó ayer cuando el líder del PSPV mencionó a "La Cayetana", que suena a línea de autobuses entre pueblos del interior. 'La Cayetana' era Cayetana Álvarez de Toledo, candidata del PP por Barcelona.

Es cierto que ésta defiende un discurso incómodo y a veces extremo con tal de merendarse a Inés Arrimadas. Hasta ahora la ganadora de las elecciones catalanas para Ciudadanos es la que más ha plantado cara a los extremistas del soberanismo, sin contar a personajes histriónicos como García Albiol. Y lo hace en el punto de justo de exigencia sin radicalidades maleducadas aunque con iniciativas cuestionables como la de Waterloo. La última ocasión fue en Poblenou donde el viernes estuvo en una famosa horchatería y vio cómo los independentistas pedían el boicot al establecimiento solo por aceptar como clienta a la lideresa naranja. Frente a ese papel de víctima curtida en mil batallas, Álvarez de Toledo tiene que subir la apuesta si quiere hacerse notar. No será solo cuestión de estrategia, probablemente, sino de convicciones, pero el tono agrio y duro que emplea busca desplazar a Ciudadanos del primer puesto en la oposición. Por eso no parece tener ningún problema en situarse en el centro de la diana. Al contrario. Comentarios como el de Ximo Puig diciendo que «la Cayetana no puede ser más facha» le hacen campaña gratuitamente.

Lo molesto en este caso es escuchar al presidente de los valencianos quien hace apenas unos días lamentaba el fracaso de toda la sociedad en cada episodio de violencia machista, hablar de la candidata popular como 'La Cayetana'. El ataque a un candidato o candidata puede incluir todo tipo de reflexiones y denuncias de su intransigencia, extremismo o carcundia pero sin apelativos personales de menosprecio o descrédito. Es cierto que ella se puso a la misma altura contestando en Twitter con un 'El Ximo es un toxo'. Pero ambas reacciones son igualmente reprobables. Responden a un tono bronco, innecesariamente irrespetuoso pero muy rentable para ambos. 'La Cayetana' se ha convertido en el resumen de un centroderecha dispuesto a aliarse con el primo ultra. Es ideal para la campaña porque sintetiza con un nombre todo un mensaje. Aunque a Puig le resume mejor una referencia a la popular que incluya nombre y apellidos, no apelativos de barra de bar.