Cavadas y Sánchez

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

A unque los dos se llamen Pedro, uno es médico especialista en trasplantes y otro es el presidente en funciones. Aunque no sé si a un médico tan afamado como el 'Doctor Cavadas' le gustará verse comparado con el 'Doctor Sánchez', conviene que esta semana nos fijemos en estos dos personajes. No es fácil hacer este ejercicio de imaginación narrativa pero puede servir de contrapunto para refrescar el valor que tienen determinados individuos en la consolidación o fragmentación de la vida pública.

Mientras el 'Pedro político' esta semana nos prepara las nuevas elecciones porque no ha conseguido articular una mayoría suficiente con la que formar gobierno, el 'Pedro médico' ha intervenido en la XVI Convocatoria Anual de Ayudas a la Investigación de la Fundación Mutua Madrileña con un discurso medio improvisado que no tiene desperdicio para quienes juzguen precipitadamente nuestra vida pública y hagan lecturas catastrofistas. Aunque el panorama de los profesionales de la política nos lastre hacia la desmoralización permanente, el panorama de otros profesionales del mundo socio-sanitario nos debería impulsar hacia cierto reencantamiento de la vida cotidiana.

Con cierta ironía, el Pedro médico comentó que en ese acto tenía la impresión de participar en aquella entrega de premios como una «mascota exótica», metáfora ciertamente adecuada si nos atenemos a la poca pasión que tiene hacia los trajes convencionales. No les pido que apliquen como lectores la misma metáfora al socialismo del Pedro político, pero sí que interpreten sus discursos o prácticas desde otros socialistas históricos como Besteiro, Tierno-Galván o incluso la pareja González-Guerra.

Mientras Sánchez no parece preocupado por la vertebración de la sociedad española, Cavadas reforzó una fundación, unos premios y un equipo de profesionales socio-sanitarios preocupados por la cohesión, la cooperación y la integración de iniciativas para estimular interterritorialmente la investigación biomédica. Pidió evitar lo que llamó «alergia a mezclar la sanidad con lo privado», es decir, la exclusión de lo que simplificadamente se llama iniciativa privada pero en realidad deberíamos llamar «iniciativa social» dentro del Sistema Nacional de Salud. Un claro torpedo en la línea de flotación de los discursos políticos que han minusvalorado, despreciado y deslegitimado lo que ahora llaman cooperación «público-privado».

En algún momento tendremos que evaluar los costos económicos y, sobre todo, las consecuencias éticas y profesionales de la deslegitimación de la excelencia en los Sistemas Nacionales de Salud, Educación o Servicios Sociales. Cavadas también recordó que entre los fines de la medicina está luchar contra el sufrimiento, algo en lo que deberían pensar los políticos para que sus éxitos profesionales no se construyan sobre el sufrimiento ajeno.