Los cauces no se han formado ahora

Lo fácil es escudarse en que cualquier desastre es nuevo o culpar a causas esotéricas, pero así no se llegará a soluciones

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

A finales de octubre de 1999 se produjo tal tromba de agua sobre buena parte de la Sierra Calderona, la más orientada al oeste, que los secos barrancos se convirtieron de repente en briosas torrenteras que arrastraban de todo. Afortunadamente no hubo pérdidas humanas y los daños se limitaron a caminos arramblados, ribazos tumbados, campos inundados, montones de troncos y basuras por aquí y por allá, derrumbes de bancales... En cualquier caso lo suficiente como para que se prodigara la sentencia habitual en estas situaciones: «Esto no había pasado nunca». Para reafirmarlo, testimonios de todo tipo. Cayeron al menos 500 litros por metro cuadrado, que ya es llover, y pudieron ser más en algunos sitios, porque los cubos de medio metro de altos que se encontraron estaban llenos, así que no se sabía qué cantidad se habría desbordado. Tampoco había la profusión de pluviómetros y centralitas meteorológicas que existe hoy. Da igual, nos basta esa referencia máxima de los 500 litros para tener idea de cómo fue aquel diluvio. Ciertamente, una cantidad como para apoyar esa permanente idea de que cuando ocurren hechos tan relevantes tendemos a pensar que son únicos, que nunca antes sucedieron.

Me sorprendió que una de las personas que afirmaba tal cosa con rotundidad, Salvador, fuese un hombre veterano y conocedor de la naturaleza y de la sierra, y le recordé lo que pasó en su pueblo, Marines, el 14 de octubre de 1957. Ni más ni menos que lluvias torrenciales, fortísimas, que acabaron provocando los desbordamientos del Turia y del barrancos Carraixet, inundando la ciudad de Valencia y gran parte de l'Horta, y que en el propio Marines causó el derrumbe de rocas que asolaron casas, mataron a seis personas y motivaron el posterior traslado del pueblo a su nueva ubicación en lugar más seguro. ¿Cómo puede decir que no había pasado antes, si usted mismo fue testigo del la tragedia del 57?, le preguntamos a Salvador, lo que ya le hizo entrar en dudas. Después lo llevamos a un lugar cercano, con un corte del terreno que muestra sucesivas capas de tierras y gravas, resultados evidentes de depósitos tras enormes riadas de las que no queda memoria histórica y señalamos que la que acababa de ocurrir apenas había dejado uno o dos milímetros. ¿Aquello no había pasado nunca?

No falla, tras los dramáticos sucesos de Mallorca se repite lo de siempre, acrecentado ahora con el facilón recurso del calentamiento global. Pero afortunadamente hay también voces acreditadas que señalan los repetidos errores de empeñarse en vivir donde pueden pasar estas cosas, cuando además hechos relativamente recientes agravan la memoria de lo que puede ocurrir y debieran servir para poner correcciones, no sólo lamentos tardíos.

En Sant Llorenç confluyen tres torrentes, y sus cauces no existen de ahora, se debieron formar con diluvios y avenidas mucho más fuertes.

 

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