La Catedral, ¿arqueología o escenografía?

La Catedral, ¿arqueología o escenografía?
manuel molines
JAVIER DOMÍNGUEZ RODRIGO ARQUITECTO

Europa entera se conmovía el pasado 15 de abril ante el terrible incendio de Nôtre Dame de París. Inmortalizada por el escritor Víctor Hugo, el desplome de su icónica aguja, una recreación decimonónica y de su techumbre de madera, revela la magnitud de la tragedia.

El inmediato anuncio del primer ministro francés de la convocatoria de un concurso internacional para el diseño arquitectónico de una nueva aguja y cubierta reabre el debate sobre cómo debe ser la reconstrucción (materialidad...), fiel al original o adaptada a las técnicas actuales.

Ese dilema entre lo ficticio y lo verídico, entre lo apócrifo y lo auténtico, entre lo verdadero y lo falso, entre lo inmortal y lo efímero, evoca la literatura existencialista de Borges: somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.

La cuestión también planteada recientemente en clave local, a raíz de la propuesta del Cabildo Metropolitano de demoler las construcciones neoclásicas que ocultan al exterior las capillas absidiales góticas -s.XIII y XIV- para hacerlas visibles, ha suscitado entre los expertos posiciones enfrentadas.

Salvando las enormes distancias y diferencias entre ambos monumentos religiosos, los criterios de intervención comparten un corpus doctrinal común que tiene sus orígenes en la primigenia Carta del restauro -1932- impulsada por Gustavo Giovannoni, precursor de la restauración filológica científica.

De hecho, aquí el marco legal viene dado por la Ley 4/1998 del Patrimonio Cultural Valenciano, que conceptualmente no es sino una transcripción adaptada y actualizada de la legislación patrimonial española de 1933 y 1985. Y toda ella es fiel al pensamiento y la obra del insigne maestro Leopoldo Torres Balbás.

Su compromiso por la autenticidad, haciendo comprensible la dimensión histórica de la arquitectura, supone el fin de las actuaciones falsamente miméticas y de escenografía folclórica especialmente en la Alhambra.

En ese sentido se pronuncia la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, institución consultiva de la Generalitat, rechazando el proyecto instado por el cabildo con un informe ecuánime y extensamente argumentado.

Sin embargo, el carácter no vinculante del dictamen traslada la decisión final a la esfera política, explicándose así su repercusión mediática y el afán de los actores implicados por ganarse el respaldo popular.

Constituiría una equivocación de irreparables consecuencias, autorizar unas obras encaminadas a recuperar una limpia cabera gótica aislada con su corona circular de capillas. Entre otras razones porque no existe base documental alguna que justifique su existencia con anterioridad y por tanto se estaría abocado, realizado el derribo solicitado, a una falsa reconstrucción en estilo (contrafuertes...) contraria a la autenticidad del monumento.

Ya se erró en la calle del Miguelete inventando una fachada ex novo, tras derruirse las casas de los canónigos que la tapaban, e implementando unos descontextualizados parterres ajardinados causantes de reiteradas patologías (filtraciones, humedades...) en el cerramiento perimetral de sillería.

Además la demolición del muro exterior que se solicita, supondría una mutilación edilicia de la ilustrada epidermis arquitectónica y singular memoria del clasicismo urbano que representa.

Esa impecable fachada clasicista, en modo alguno puede interpretarse como un cuerpo añadido y carente de interés. La excelencia constructiva de su fábrica -sillería, cornisas...- proyectada por el reconocido arquitecto y académico Vicente Marzo, autor del Camarín de la Basílica, refuta la pretensión del cabildo de presentarla como carente de interés, innecesaria e incluso añadid impropio.

La obra continuada por su discípulo Joaquín Thomas, está además ampliamente referenciada en la cartografía histórica de la ciudad, lo que sería suficiente para exigir la preservación de todas sus huellas y trazas.

El retorno al gótico a costa de la crujía clasicista resulta claramente contraria al propio Plan Director de la Seu, al Catálogo municipal y, lo que es más grave, a lo establecido en el artículo 38.a) de la Ley 4/199: La intervención respetará las características y valores esenciales del inmueble. Se conservarán sus características volumétricas, espaciales, morfológicas y artísticas, así como las aportaciones de distintas épocas que hayan enriquecido sus valores originales. En caso de que se autorice alguna supresión deberá quedar debidamente documentada.

Porque la ecclesia mater de la diócesis es una bellísima joya arquitectónica, pero sobre todo es memoria y es museo. No tiene sentido sobrevalorar en exceso uno sólo de los estilos que conviven en ella. Su grandeza está precisamente en esa asombrosa conjunción de episodios artísticos armonizados por la enorme calidad de los maestros que la hicieron posible.

Por ello debe evitarse una intervención de gran calado, como la propuesta, que en el fondo busca mejorar el original e incluso recrearlo artificiosamente desde una suerte de ensoñación romántica.

Seamos conscientes de que la conservación del patrimonio monumental es esencial para preservar la memoria histórica del cap i casal, a la que ha de servir como imprescindible referencia cultural y auténtica seña de identidad.