CATAR, CAPITAL DOHA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Por culpa de Marta García Aller y de Félix José Casillas me ha dado por volver a aprenderme todas las capitales del mundo. Digo volver a aprenderme porque supongo, sólo supongo, que debí de hacerlo en mi etapa escolar (la verdad es que no recuerdo si lo hice), aunque entonces era mucho más fácil que en la actualidad. Para que se hagan una idea, en 1978, cuando quien firma esta columna contaba con quince años de edad y estudiaba el BUP en el colegio de El Pilar, la ONU tenía registrados 151 estados miembros mientras que en 2019 ya son 193, con Sudán del Sur (capital, Yuba) como última incorporación. Años después, cuando eran mis hijos los estudiantes (en el mismo colegio), volví a repasarlas con ellos y fue entonces cuando comprobé el gran cambio que se había experimentado en la geografía política del planeta. Así, nuestra Yugoslavia, capital Belgrado, se había convertido en Serbia, capital Belgrado, a lo que había que añadir -en el mismo territorio-, Croacia, capital Zagreb; Eslovenia, capital Liubliana; Montenegro, capital Pogdorica; Bosnia-Herzegovina, capital Sarajevo; y Macedonia (posteriormente Macedonia del Norte), capital Skopie; a lo cual, algunos agregan Kosovo, capital Prístina, pero yo no porque España no lo reconoce oficialmente como país independiente y si España no lo reconoce oficialmente como país independiente, pues yo tampoco. ¿Y qué me dicen de las exrepúblicas soviéticas? No, las conocidas, no, esas son fáciles de aprender, tanto las del Báltico -Estonia (capital, Tallín), Letonia (capital, Riga) y Lituania (capital, Vilna)- , como las de Europa oriental -Ucrania (capital, Kiev), Bielorrusia (capital, Minsk) y Moldavia (capital, Chisináu)- e incluso las caucásicas -Georgia (capital, Tiflis), Armenia (capital, Ereván) y Azerbaiyán (capital, Bakú)-. El problema son las asiáticas -Kazajistán (capital, Astaná); Kirguistán (capital, Biskek); Uzbekistán (capital, Taskent); Tayikistán (capital, Dusambé); y Turkmenistán (capital, Asjabad)-, con esos nombres que parecen sacados de un cómic de Tintín. Por no hablar de algunos países de Asia, como el Sultanato de Brunei, cuya capital es Bandar Seri Begawan. Toma del frasco. O de las diminutas islas-estados del Caribe, como Trinidad y Tobago (capital, Puerto España), Santa Lucía (capital, Castries), San Cristóbal y Nieves (capital, Basseterre)... Así que ahora, cuando me dicen que se están celebrando los Mundiales de atletismo en Doha enseguida suelto, sin venir a cuento, ¡la capital de Catar! Y es luego cuando me paro a reflexionar sobre el hecho en sí de que en Catar se esté disputando el Mundial de atletismo o que en 2022 se vaya a jugar allí el de fútbol. Llegando a la conclusión de Astérix: están locos estos romanos. O peor aún, son todos unos corruptos.