LA CASA SIGUE SIN BARRER

Con casi 165.000 hectáreas de cultivo abandonadas a causa de la falta de rentabilidad y una de las peores campañas citrícolas de las que se guarda memoria a las espaldas la situación de la agricultura valenciana no puede ser más desalentadora. Si añadimos que los precios de ruina constituyen la tónica dominante de buena parte de las producciones agropecuarias y que el indispensable relevo generacional, máxime en el contexto de una población rural sumamente envejecida, brilla por su ausencia, nos daremos cuenta de que algo está fallando.

El campo valenciano se encuentra, por tanto, en una encrucijada porque llueve sobre mojado y, en consecuencia, su estado se agrava un poco más cada año que pasa. Las causas que han desembocado en esta coyuntura son de diversa índole, pero es preciso mencionar ante todo los desequilibrios de un mercado que sitúa a los agricultores en su punto más débil poniéndoles a merced del resto de agentes que intervienen en el proceso comercial. Todos obtienen su margen de rentabilidad menos el productor y mientras no se resuelva esa ecuación a través de leyes valientes y de un cambio de mentalidad por parte de las autoridades de Competencia, basado en la compresión de las peculiaridades de este sector y su valor estratégico como motor de otras muchas actividades económicas, seguiremos en la estacada.

La globalización mal entendida, o puesta al servicio de intereses egoístas muy concretos, es otro de los problemas que lastran su capacidad competitiva. Los acuerdos comerciales que firma la Unión Europea (UE) con terceros países en condiciones de clara desventaja para sus propios administrados, en este caso los agricultores, pone en jaque la pervivencia del modelo agrario europeo y, sobre todo, del que es propio de la llamada agricultura mediterránea, permanentemente postergada y vapuleada por las autoridades de Bruselas.

Son muchos los frentes abiertos en el campo valenciano y, desde luego, demasiadas las asignaturas pendientes. Ante todo es preciso clarificar, definir y diseñar un modelo de futuro para nuestra agricultura. No valen parches ni medias tintas. Desde AVA-ASAJA venimos reclamando desde hace tiempo un gran pacto de todos los partidos políticos con representación en Les Corts Valencianes sobre la cuestión agraria. La ordenación de las estructuras productivas y comerciales, una legislación que regule con eficacia la cadena alimentaria, la creación de un lobby potente para negociar en Bruselas, una gestión que asegure los recursos hídricos, una apuesta decidida por la investigación y, sobre todo, un presupuesto adecuado para llevar a cabo tales medidas, son asuntos que deben figurar en la agenda de cualquiera de los políticos que estos días visitan el campo para fotografiarse a bordo de un tractor.