CARROÑEROS

BOQUERINI

No puede uno bajar la guardia ni un momento. Ni siquiera en vacaciones. En cuanto nos descuidamos ahí están otra vez esa bandada de pájaros carroñeros que, como cuervos hambrientos, están desde las televisiones a la que salta, a lanzarse sobre sus presas. Evidentemente me refiero a la triste muerte de nuestra campeona olímpica Blanca Fernández Ochoa. En cuanto se difundió la noticia de su desaparición, ahí estaban ya los cuervos intentando sacar partido, ganar audiencia o lo que sea, con el dolor ajeno. Siempre ocurre lo mismo cada vez que sucede una desgracia: Hay quien anónimamente se pone inmediatamente a ayudar en la medida de sus posibilidades y quienes intentan sacar lo peor de sí mismos a base de escarbar en el morbo. Aún no se había rescatado el cuerpo de Blanca y ya hubo quien estaba especulando sobre el motivo de su muerte.

El caso de las niñas de Alcácer marcó un antes y un después en la cobertura televisiva de este tipo de sucesos. Y desde entonces no han parado. Cuanto mayor dolor social, más motivos para escarbar en la basura. Contrasta esta pasión por el morbo con la excelente dedicación de fuerzas de seguridad y voluntarios, dejándose horas y horas en buscar algún rastro, sin escatimar medios, para intentar hallarla con vida, lo que desgraciadamente ha sido imposible. Pero las teles, a lo suyo, venga conexiones en directo con Cercedilla para insistir una y otra vez en las mismas generalidades, a falta de alguna información veraz. Y desde los platós, los tertulianos de siempre, que lo mismo sirven para un roto que para un descosido, especulando con todo lo divino y lo humano sobre lo que había podido sucederle a nuestra gran esquiadora.

Por supuesto, el que cientos de personas se hayan dejado horas y horas para, voluntariamente y sin compensación de ningún tipo, rastrear abruptas montañas en busca de algún indicio sobre el paradero de Blanca, por pequeño que fuese, no ha merecido el menor comentario de las televisiones. Ni de las personas que desde sus casas de Cercedilla han preparado comidas para los que estaban en el monte. Estaría bien que alguna vez esos tertulianos sabelotodo abandonasen sus poltronas de los platós y se uniesen a la gente sencilla para hacer, ellos también, algo de provecho.