A dos carrillos

Nos han abofeteado, desde la derecha y desde la izquierda, donde más duele: financiación e infraestructuras

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

El ritual ha vuelto, por vía de urgencia. En la Generalitat hay dos listas, una larga y estrecha y la otra corta pero de peso, que funcionan como si fueran menús. Es un invento de los tiempos de Eduardo Zaplana: en situaciones de emergencia, cuando hay que decir o hacer algo que tenga que aparentar que se le levanta la voz a Madrid, se tira mano de la lista y se convoca a sus integrantes. Según la solemnidad, según la contundencia que se desea, se llama a unos o a otros para el coro. En caso de extrema gravedad, una tercera lista, la de los VIPs, dará al mundo la medida de la terrible aflicción valenciana.

Esta semana pasada, los terremotos del agravio han sido de 8'5 en la Escala AVE, que es el referente patrón del enfado valenciano contemporáneo, el indicador que controla la bilis acumulada. Se creó en los últimos años del presidente Lerma, a partir de los desplantes y ofensas sufridas, en los noventa, por parte de Borrell y Bono, dos ministros de los tiempos en que Valencia esperaba la N-III y el tren de alta velocidad.

Esta semana, la conmoción creada a raíz del anuncio de que el problema de la financiación no va a poder ser abordado como se había prometido, puso la bilis social muy alta. En presidencia hubo que echar mano de la lista corta y muchos dirigentes empresariales, CEOs y altos cargos, fueron llamados a hacer de palmeros de una declaración presidencial solemne, una de esas que traslucen mucho agravio y decepción. El presidente Sánchez, que había prometido a cinco autonomías lo mismo que a la nuestra -un diálogo enriquecedor- se mostraba ahora huraño y esquivo.

Después, casi sin respiro, el presidente de la Autoridad Portuaria fue el encargado de exhibir el Mapa de la Decepción, el documento que demuestra que el ministro Íñigo de la Serna, tan guapo y repeinado, era un timador alevoso, un contenta-consellers que se movía por España prometiendo falsas redes ferroviarias europeas para todos.

La reiteración en la ofensa fue terrible: en dos días nos habían dado en la mejilla izquierda y en la derecha. Nos ofendían a dos carrillos, y donde más duele: financiación e infraestructuras. Se echo mano incluso de la lista VIP, guardada en el maletín nuclear de la Generalitat. Y solo a última hora, en una sesión de alto nivel, se consideró suficiente con que salieran al escenario, rugientes eso sí, Federico Félix y Vicente Boluda. El último recurso, Juan Roig, estuvo a punto de ser llamado, pero al final se quedó en la reserva, preparado para situaciones de excepcional gravedad -el naufragio del Botànic, por ejemplo- que podrían darse de repente, según las cosas pintan.

Una vez más -y van... infinitas- el Valle de Lágrimas valenciano ha sido conmovido por el desprecio de los dos grandes partidos. Ha sido por San Juan, cuando la costa se tachona de hogueras y las brevas adquieren un perfecto dulzor.

 

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