CARDENAL BENLLOCH

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La perla de la entrevista de Toni Calero a Enrique Saura, dentro de la serie 'Los jugadores del centenario' que LAS PROVINCIAS publica los domingos, llegaba cuando le preguntaba por la diferencia entre los vestuarios de entonces y los de ahora. 'Saureta' contestaba que no tienen nada que ver y que, por ejemplo, él vivía en Cardenal Benlloch y acudía andando al estadio. Cardenal Benlloch, en efecto, a tres minutos de Mestalla. Una avenida muy peculiar. Que no se enfaden los que viven en ella (o sí, que se enfaden), pero es de las más feas de Valencia. Una parte del viejo camino de Tránsitos, ruta de camiones y de miles de vehículos de paso por Valencia antes de la apertura del by-pass en la década de los noventa, tiempos del 'semáforo de Europa' y del 'Visite Valencia en tres horas'. Tres horas, poco menos, era lo que te costaba atravesar Cardenal Benlloch, el puente del Ángel Custodio y Peris y Valero para enfilar la pista de Silla. Finalmente, la presión ciudadana consiguió que la tercera ciudad española tuviera su autovía de circunvalación, como cualquier otra, lo que le dio una oportunidad y una nueva vida a Cardenal Benlloch. Aceras más anchas, menos tráfico y... ¡árboles! Pero ¿qué árboles? Los concejales del Ayuntamiento de hace cien años parecían más duchos en la elección de las especies arboreas para la ciudad que los de las últimas décadas. Han pasado los años desde la reforma de la avenida y los arbolitos siguen siendo eso, miniaturas esmirriadas que no dan sombra ni tapan unas fachadas prescindibles, función que no hay que despreciar en el arbolado urbano. Cardenal Benlloch, qué pena, sigue siendo lo que era, una avenida poco afortunada, colonizada por tiendas de los chinos y fruterías. Ahí, en los ochenta del siglo pasado, vivía Saura, capitán del Valencia, mundialista en el 82. ¿Se imaginan ahora a un jugador del Valencia viviendo ahí? Ni ahí ni en ningún lado. ¿Dónde viven las 'estrellas'? Suponemos que en lujosas residencias ubicadas en urbanizaciones de lujo pero en el fondo, ¿qué más da? Como explicaba 'Saureta', no tiene nada que ver, los jugadores ya no son accesibles ni para los periodistas ni para los aficionados, viven en un mundo aparte, no se relacionan, no hacen vida en la ciudad que les da de comer, pasan de ella. Entonces podías encontrártelos al subir en el ascensor, en la panadería, en el kiosko, mientras que ahora son virtuales, están en las redes, donde suben fotos y vídeos a sus millones de seguidores. Cómo no sentir nostalgia de aquella época en la que el capitán del Valencia vivía en Cardenal Benlloch. Igual, camino de su Onda natal, ponía gasolina en los surtidores de Clariano, donde los pilaristas acudíamos a hinchar los balones «de reglamento». Otros tiempos, otro fútbol, otra ciudad.

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