La carabina

Dada la escasa afición de Ribó por las cosas de munícipes, Sergi Campillo le doblará en las escenas peligrosas

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Supongo que mi columna intenta desgastar al alcalde, como diría Ribó si aplicara el principio de Ximo Puig ante el asunto de sus acciones en un grupo mediático. No sé de qué se extraña Puig. En esta Comunidad sabemos bien lo que es intentar desgastar a presidentes y alcaldesas con o sin motivos. Camisetas, memes, bromas de mal gusto, todo venía bien para desgastar al que mandaba, aunque algunos protagonistas hubieran hecho más que méritos para sufrir el reproche público. Y si no, por ser amigos. Ya vemos que en estos momentos ese tipo de cosas nos posiciones, criminaliza o encumbra.

No es raro, pues, que la actual oposición quiera hacer lo mismo que las anteriores: morder la pieza y cobrársela. Los medios, en cambio, tienen la obligación de tomárselo tan a pecho como si les fuera la vida en ello. No por ellos; si realmente creen que ha habido un trato de favor, denunciarlo no les reportará nada más que disgustos. Es por los ciudadanos que, como diría el clásico, Rubalcaba, «merecemos un gobierno que no nos mienta».

En medio de esa tormenta, PSPV y Compromís consiguieron llegar a un acuerdo de gobierno para el ayuntamiento de Valencia. ¡Aleluya! Un acuerdo que aparentemente beneficia a todos. A todos. En masculino. A Sandra Gómez no veo que le mejore mucho la situación habida cuenta de que para ser vicealcaldesa ha tenido que aceptar un comisario político junto a ella. Como si estuviera de visita turística en Corea del Norte. Su sombra será Sergio Campillo quien, dada la escasa afición de Ribó por las cosas de munícipes, le doblará en las escenas peligrosas vividas en la cúpula del ayuntamiento. Campillo es el especialista que sustituye a Ribó en los momentos de acción para que no se haga daño el alcalde. O para que no se haga. O para que no, en general y resumiendo. La vicealcaldesa debe de sentirse como esas jovencitas recién cumplidos los 16 cuyos padres saben que no pueden decir que no y terminan con un: «vale, vas a la fiesta, pero vuelves con tu hermano». Ya sabemos que eres suficientemente mayor como para que tengamos que permitirte lo que pides pero te ponemos una carabina porque no terminamos de fiarnos. La carabina de Sandra Gómez es Sergio Campillo. Y no era esto, no era esto, que diría Ortega y Gasset.

Si hasta ahora no veíamos a Ribó salvo en algunas convocatorias muy personales y marcadas ideológicamente, ahora nos va a pasar como con los presidentes rusos que hacen la comparsa a Putin. Quién recuerda a Medvédev y sabe decir cuál es su cargo. Basta con conocer que mantiene caliente el otro sillón del poder ruso para guardárselo a Putin y cuando éste no pueda repetir de primer ministro, pasará a presidente de la Federación. Y viceversa. Campillo es el muro de contención del PSPV en el ayuntamiento para vigilar de cerca e impedir que nadie ose comer el terreno al alcalde o a su grupo. Y mucho menos una concejala que gusta de acaparar titulares.