CARA DE BOLÍGRAFO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Le pregunté a un amigo mío, empresario jubilado que mantiene todavía aire de peligroso tiburón, por la técnica de ventas de su mejor comercial. El universo de los comerciales, en efecto, me fascina. Despierta mi admiración y curiosidad porque entiendo que son el lubricante de la actividad económica. Hay que tener muchos huevos para salir por ahí con el maletín dispuestos a vender lo que sea...

Mi amigo no dudó. Recordaba un comercial bajo sus órdenes que alcanzaba cifras fabulosas. El tipo, me explicó, dejaba hablar y hablar al posible cliente «hasta que se le ponía cara de bolígrafo», entonces desenfundaba el contrato del maletín y el otro estampaba la firma. Saber escuchar, esa gran virtud tan olvidada... Nuestro presidente en funciones ha logrado, no escatimemos sus méritos, perfilar más y mejor está técnica de venta. Él no espera a que los otros compongan de repente la jeta de boli para enchufarles su mercancía, él directamente les dice lo que quieren escuchar y sigue adelante con ese aplomo que trasmite. Aquí en la Comunitat prometió arreglar la financiación, a los jubilados les asegura una subida conforme al IPC y, hace un rato, a los jornaleros de Andalucía y Extremadura les garantiza igual subvención a cambio de menos peonadas. Continuará su gira de campaña o precampaña o metacampaña arrullando los tímpanos del respetable mientras discursea acerca de las bondades que sólo él conseguirá el día que ostente el mando verdadero sin la etiqueta indigna de «en funciones». No tiene ningún reparo y desde luego nadie como él ha comprendido las nuevas reglas de la política, que bien podríamos resumir en aquella épica del balompié del «¡a mí Sabino, que los arrollo!» Luego ya veremos si taladra o no la red, pero de entrada no merece la pena esperar a esa cara de bolígrafo que certifica el éxito.