Los caprichos de Ribó-Grezzi

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Tramo de la avenida de Suecia que discurre entre la plaza Reyes Prósper y la de la Afición, justo antes de llegar a Mestalla. Se está levantando un carril bici a la izquierda de la calzada, junto a los edificios de viviendas. Apenas quedará un carril libre para la circulación de vehículos, por lo que cuando un coche particular quiera parar para cargar o descargar o un taxi pretenda recoger a un cliente o un minusválido tenga que subir a un automóvil o un enfermo ser atendido por una ambulancia... ¿cómo lo van a hacer? Lo harán, pero provocando una cola de conductores cabreados por un atasco, otro atasco.

Avenida de Aragón. Parada de la EMT situada frente al estadio de Mestalla, junto al lateral del colegio de Guadalaviar. El carril bici se pintó sobre la acera, hace años, durante la etapa de gobierno del PP. Los viajeros que bajan del autobús prácticamente se meten sin querer en un espacio reservado a los ciclistas y por el que sobre todo circulan estudiantes (los campus universitarios están cerca), que lo suelen hacer a considerable velocidad. El riesgo de accidente salta a la vista.

Este segundo caso es un ejemplo de una de tantas obras hechas hace tiempo pero que no funcionan bien, que habría que rectificar, mejorar, adecuar al tiempo presente. En los años ochenta del pasado siglo, con los socialistas en el Ayuntamiento de Valencia, se cometió un grave error que el PP mantuvo e incrementó, el de hacer el carril bici sobre las aceras en lugar de sobre la calzada. Pero ésa no parece ser la prioridad del tripartito -o, mejor dicho, de Compromís, y más en concreto del dúo Ribó-Grezzi- cuando de la red ciclista se trata. Su objetivo número uno, casi su obsesión, es ampliar el número de kilómetros para bicicletas (y ahora también, o sobre todo, para patinetes), que es algo que sin duda hace falta, pero con cabeza, con sensatez, sin precipitación. Y desgraciadamente, de 'trellat' no van sobrados ni el uno ni el otro, ni el alcalde ni su concejal de Movilidad. La obra de la avenida de Suecia, como la de Reino de Valencia y algunas otras, demuestra que tras su empeño personal hay un trasfondo ideológico que soporta una enorme carga de sectarismo, una forma de entender la ciudad y el ejercicio de la política. Y encima tratan de disfrazar su empeño caprichoso con un supuesto aval democrático, el que según ellos les confiere el voto de 67 valencianos (sí, han leído bien, 67) para hacer un carril bici que va a estrangular la avenida Reino de Valencia, una de las más singulares de la ciudad. Provocarán más atascos, por supuesto, pero está en su hoja de ruta, es la forma que tienen de mandar un mensaje contundente a los conductores para que dejen sus coches en casa y se suban a una bici. Aunque lo que han hecho muchos es montarse en un patinete.