Capital del diseño

CÉSAR GAVELA

Valencia ama la modernidad. Y amar la modernidad es amar la libertad, la convivencia y el internacionalismo. También el diseño. Valencia acaba de ser elegida capital mundial del diseño para 2022, un logro extraordinario y también un símbolo. Un reconocimiento que corona una larga etapa y que, además, puede ser el comienzo de otra. Valencia entró en la democracia siendo la mayor agrociudad de Europa, una enorme urbe provinciana y se ha transformado totalmente a lo largo de cuarenta años de profundización democrática, de pensar en la gente y de pensar en el mundo. De avanzar en la creación y de implicar a la ciudad en la gran red de urbes del planeta que inventan, diseñan, iluminan. Esta historia empezó en 1979, cuando el primer ayuntamiento democrático tras la dictadura puso en marcha, entre otras muchas realidades, el jardín del Turia, la revolución mayor de este largo periodo. Pero luego, además, tantas otras realidades que siempre han cuidado mucho el diseño, como el Palau de la Música, el IVAM o la nueva Marina, y muy especialmente, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, ideada por el PSOE y desarrollada por el PP.

¿Qué sucede con estos logros indiscutibles, que han colocado a la ciudad de otra manera en España, en Europa y en el mundo? Pues que fueron el fruto de los dirigentes socialistas pero también de los populares, que se sucedieron en las responsabilidades políticas, y que pese a sus evidentes diferencias siempre apostaron, cada uno a su estilo, por la apertura al mundo, por ser una de las ciudades líderes de Iberia. Y eso se ha conseguido. Porque son las ciudades las que mandan, las que atraen, las que sugieren, las que emplazan, las que seducen. El sujeto de lo moderno es la ciudad, mucho más que los estados o las regiones.

Valencia, fruto de varias generaciones de valencianos que ya han vivido en democracia. Fruto de los creadores, de los sociólogos, de los urbanistas, de los escritores y de los músicos, de todo el mundo. Valencia ha apostado por la imaginación. A veces se ha acertado, a veces no tanto, pero no olvidemos que los premios internacionales no son gratuitos, y este no solo lo es para Valencia, sino también para la comunidad y para toda España. Valencia debe procurar siempre que su dimensión sea estatal, incluso ibérica. Se ha conseguido muchas veces. Ahora toca mejorar lo que hay, que es muy valioso, e imaginar lo nuevo, estar en la vanguardia. Sin dejar nunca de ser lo que somos, de venir de dónde venimos. Solo la modernidad es creíble cuando tiene raíces, y las de Valencia vienen de los tiempos de los romanos. Seguro que los romanos de por aquí eran diseñadores. La luz y el mar lo favorecen, pero aún más la actitud de las personas. Aquí nadie sobra, aquí nadie mira al otro para ver dónde nació o qué vota. Y los que lo hacen no son modernos, ni siquiera sectarios. Solo son ridículos.