El cañar invasor (II)

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Una nutrida cuadrilla de la Diputación de Valencia arremetió, hace cosa de un año, contra un cañar situado la carretera entre Lliria y Alcublas. Entre operarios con azadas y desbrozadotas, más los que estaban atentos a dirigir el tráfico y el conductor del camión, debían de ser siete u ocho. Una brigada dirigida a eliminar lo que hoy se tiene oficialmente como un evidente peligro público: un cañar invasor, una especie alóctona (no autóctona) que coloniza indebidamente espacios de la Comunitat Valenciana. De ahí que se dirijan crecientes esfuerzos a eliminar cañaverales de este tipo, pues los expertos han decidido que no es apropiado que esté por aquí; otras especies que entran puede que les dé igual, pero ésta no. Así que en una jornada de arduo trabajo, aquella brigada pudo reducir los cuarenta o cincuenta metros cuadrados del peligroso cañar a un montón de matas semitrituradas que se quedaron allí en la cuneta varias semanas, hasta que llegó otra cuadrilla, más reducida, y se lo llevó.

Casi un año después, el mismo cañar luce más vigoroso que entonces, porque es sabido que los cañares crecen mejor tras cortarlos. Lo que se comunica para general conocimiento, habida cuenta de que el notable gasto público que se realizó fue inútil, como inútil o excesivo debe ser ese empeño que se ha generalizado por ir contra los cañares, cuando es notorio que no habrá manos para tanto. Más controlados estaban cuando se permitía a los agricultores cortar las cañas y aprovecharlas. Ahora intentan combatirlas también tapando los márgenes de ríos con plásticos. Esperemos que cualquier crecida fluvial no los arramble, perdiendo lo invertido y aumentando la contaminación en el mar de los denostados microplásticos.