Campaña a cara de perro

Rivera, que hace un año tocaba el cielo con las manos al situarse por encima del PP en los sondeos, no encaja en el campo de batalla actual

CURRI VALENZUELA

Va a ser esta una primavera politicamente terrible, tres meses de crispación diaria presidiendo sobre dos campañas electorales que por primera vez desde la Transición se plantean como batallas entre los bloques de derechas y de izquierdas. Con muy pocos matices.

A la izquierda, el PSOE casi solo, con Podemos en descenso a plomo. Normal, teniendo en cuenta que el sanchismo le ha arrebatado la mayoría de sus banderas. Aquellos entusiastas de un partido nuevo, contestatario, antisistema, que hace cinco años creyeron que su líder estaba a punto de asaltar el poder se han ido desencantando a la par que la mayor parte de sus dirigentes. No se sabe el porcentaje de la desilusión motivada por detalles como el casoplón con dos piscinas en la sierra madrileña, pero lo más probable es que el abandono se haya producido por la creciente creencia de que sólo votando a los socialistas en abril y en mayo se pueden evitar sorpresas como la de la llegada al poder de «las tres derechas», como ellos llaman al gobierno de Andalucía.

A la derecha está Vox. Creciendo sin parar, según las encuestas, por la desafección de parte del electorado del PP con la falta de entusiasmo demostrada por su último gobierno -liderado por Mariano Rajoy- para defender la unidad de España. Ahora, la radicalización del sanchismo está dando alas al incremento de expectativa de votos de los de Abascal. Y el pasteleo del socialismo actual con los independentistas catalanes irrita sobremanera a un creciente número de españoles que ven a Vox como el vehículo en el que canalizar su miedo a que Pedro Sánchez reedite el pacto a «lo Frankenstein». Y enc ima para cuatro años más.

No es casualidad que Ciudadanos esté bajando a las encuestas. Albert Rivera, que hace un año tocaba el cielo con las manos al situarse por encima del PP en los sondeos, no encaja en el campo de batalla actual. Eso de ser de centro a base de fichar a un popular por la mañana, un socialista por la tarde, no le lleva a ninguna parte. Ser gris no tiene futuro en un mundo de blancos y negros. Para colmo de sus desdichas, la entrada de Ciudadanos en el gobierno andaluz del brazo del PP ha servido al PSOE para colocarle la etiqueta de «derechas», de la que le va a resultar difícil desprenderse.

Al PP de Casado sólo le queda esperar a que la suma de sus siglas con las de Vox y Ciudadanos le permita gobernar en España y en algunos otros de las comunidades y ayuntamientos que perdieron hace cuatro años por los casos de corrupción que entonces copaban los titulares de los medios de comunicación. Para llegar hasta ahí no tiene más remedio que sumarse a la crispación de estos meses, mantener la tensión para que los votantes le consideren la mejor arma para impedir la eleccion de Sánchez, vivir del miedo. En definitiva, lo que quiere el PSOE.