¿De qué cambio climático me hablas?

Era el minuto cero cuando todo comenzó. Una gran explosión, el Big Ban, y nacían simultáneamente, todavía ignoramos a partir de qué y porqué, los múltiples Universos que hoy conforman nuestro espacio y nuestra vida. Entre los innumerables cuerpos estelares que se formaron está nuestro planeta Tierra, nuestro único hogar posible. La Tierra no fue siempre el paraíso que hoy conocemos, sus comienzos fueron los de una masa incandescente y viscosa, agitada por apocalípticos cataclismos en los que la vida era del todo imposible. Pero ese planeta tan terrible e inhóspito avanzaba hacia su destino, convertirse en una maravillosa Tierra en la que, transcurridos millones de años, acabó surgiendo la vida que conocemos, la nuestra y la de las innumerables formas de vida que nos acompañan.

El planeta Tierra es un planeta vivo y cambiante agitado por fuerzas que actúan transformándolo continuamente. Si hay algo que puede definirlo plenamente es la palabra cambio. A partir de Pangeas se formaron los cinco continentes que conocemos y de Panthalassa surgirían los océanos que los bañan, y hoy sabemos que con el desplazamiento continuo de las placas tectónicas los continentes vuelven, en lo que parece un camino inverso al que recorrieron para unirse, para volver a formar un solo continente. El camino de ida y vuelta va acompañado de profundos cambios; cordilleras que nacen, o desaparecen, agitando con ello la aparente estabilidad del paisaje y de nuestra vida.

Claro que hay un cambio climático que acompaña a la Tierra desde sus mismos orígenes. Periodos glaciares se alternan con periodos interglaciares de suave clima. Hace más de 10.000 años terminó el último periodo glaciar, el cuaternario, dando lugar a un clima que con altos y bajos, favoreció la aparición de la vida en nuestro planeta. Hemos de ser conscientes de que la Tierra sigue caminando hacia la siguiente glaciación.

¿Cuáles son las causas que hacen cambiar el clima? Son varias y ninguna de ellas pueden ser controladas por los hombres: La inclinación del eje de rotación de la Tierra, que cambia cada 41.000 años, la forma de la órbita terrestre que se aplana y se alarga produciendo cambios en la irradiación solar que recibimos y por tanto en la temperatura del planeta, la precesión de los equinocios, las erupciones volcánicas, las manchas solares. Es tan imposible el que podamos actuar sobre estas causas para modificarlas que nos hace recordar a Arquimedes de Siracusa cuando dijo: «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo». No teníamos entonces, ni tenemos ahora, ese punto de apoyo, tampoco la palanca que habría que apoyar en él para moverlo.

La erupción de los volcanes lanzando al espacio toneladas de gases de efecto invernadero, tapando con sus cenizas por largos periodos de años la radiación solar que es fuente de calor y de vida, es una de las causas fundamentales en el cambio climático. El volcán Toba en Sumatra, cuando entró en erupción, acabó con la vida de la mayoría de los seres humanos que entonces vivían. La erupción de la Caldera Campi Flegrei en la Bahía de Nápoles, acabó con la vida de 6 millones de personas y podría entrar en erupción en cualquier momento, al igual que El Long Valley Caldera en el Parque Nacional de Yellostone.

A las fuerzas de la naturaleza sin duda los humanos añadimos nuestra peculiar forma de influir en el cambio climático, con las industrias y con nuestra forma de vida haciendo el mal uso, o el abuso, de los recursos que nuestro planeta nos proporciona. Probablemente con el calentamiento global que estamos provocando de alguna forma estemos retrasando la llegada de la siguiente glaciación y en nuestra ignorancia no alcanzamos a saber si ese retraso será para mejor o para peor de nuestra vida en la Tierra.

Podemos tener dudas sobre el grado de nuestra incidencia en el cambio climático, pero de lo que no hay ninguna duda es que estamos destrozando nuestro planeta, el único hogar del que disponemos. Nos plantearnos metas difíciles de alcanzar y el desánimo que conlleva puede hacer que dejemos de lado otras que si está en nuestra mano lograr. Cuidar nuestros bosques, nuestros mares, nuestras montañas y nuestros valles, la vida animal y la vegetal. Algo se nos muere a todos cuando vemos un pez que ha perdido la vida atrapado y luchando con una malla de plásticos.

Recientemente hemos visto salir a la calle en manifestación niños y adolescentes reclamando que les dejemos un futuro mejor. Sin duda utilizados y manipulados por algunos adultos que no desaprovechan ninguna ocasión para hacer lo que ellos mismos dicen, «incendiar las calles». Esos niños están en una etapa fundamental para ellos que es formarse y aprender, y han de hacerlo en las aulas, en sus hogares. A los adultos actuales nos corresponde trasmitirles los conocimientos para que sean ellos los que puedan construir ese futuro mejor que reclaman y desde luego enseñarles siempre con el mejor método educativo que es el ejemplo.

Reconozcamos que habitamos un planeta en el que vivir en él es un puro riesgo, pero controlemos todo lo que podamos controlar, sin que nuestro ánimo se encoja por catástrofes que seguramente vendrán. Vivamos plenamente la vida que tenemos, responsablemente, cuidando y mimando nuestro entorno y a toda la vida que nos rodea, poniendo en primerísimo lugar nuestra responsabilidad con los demás seres humanos. Y seamos muy conscientes de que son muchos los climas que deben preocuparnos, no solo el atmosférico, que ha de preocuparnos y mucho, sino de manera muy importante el clima moral, el clima de paz, el clima cultural, el clima de afecto y respeto que debemos lograr ahora para todo lo que existe en este nuestro maravilloso Planeta Azul.