CALVO ACLARA LO QUE YA SABÍAMOS

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

El feminismo nos lo hemos currado los socialistas. Con ese desparpajo que le caracteriza, tan castizo y tan cargado, a partes iguales, de suficiencia y de ignorancia, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, vino a decir el domingo lo que ya todos no intuíamos sino sabíamos sin que quedara en nuestro interior el más mínimo género de duda: que la izquierda política pretende apropiarse por todos los medios de reivindicaciones o de la defensa de colectivos que no son asuntos ideológicos sino transversales, desde las mujeres o los inmigrantes a los homosexuales o el medio ambiente. Y lo hace así porque le va la vida en ello, porque el progresismo ya no puede seguir saliendo a la calle con su mismo discurso de principios del siglo XX, con la lucha de clases, los obreros, los campesinos... conceptos que han quedado desfasados y superados, lo cual no significa ni mucho menos que se hayan resuelto todos los problemas y no existan personas en situación de marginalidad y con grave riesgo de exclusión social. La caída del Muro de Berlín se llevó por delante no sólo un sistema perverso que condenó al hambre, a la cárcel y a la muerte a millones de seres humanos sino gran parte del prestigio y la credibilidad de la izquierda europea. Desde entonces, los partidos socialistas y socialdemócratas así como los herederos directos del comunismo (que ya no se atreven a presentarse ante los electores con la marca de la hoz y el martillo) buscan identidades sectoriales a las que agarrarse. La que mejor se acomoda últimamente a sus intereses es la del feminismo, por una razón muy elemental: afecta a la mitad de los potenciales votantes. El socialismo que «se ha currado» el feminismo, del que hablaba Calvo, no debe de ser el mismo que en la II república -el Shangri-La de la izquierda española- trató de retrasar el sufragio de las mujeres por su temor a que fuera más conservador que progresista. Que el PP se opusiera en su momento a la ley del matrimonio homosexual no legitima al PSOE para patrimonializar a todo el colectivo LGTBI y mucho menos para alentar el acoso y hostigamiento de todos aquellos que quieren sumarse a una cabalgata del orgullo gay y cuyo único pecado es no ser de izquierdas. Y la defensa de los derechos que asisten a los inmigrantes o la protección del medio ambiente tampoco es, por más que se empeñen, un privilegio exclusivo de socialistas y podemistas sino un asunto que trasciende el interés de los Estados y que implica a toda la humanidad, sin colores políticos, sin sectarismos, con sentido común y buen juicio. Pero esta no es la hoja de ruta que le conviene al PSOE, como bien se encargó de hacernos ver Carmen Calvo. Lo que pretenden es convertirlos en arietes contra la derecha y en lemas para ganar elecciones.