DE LA CALLE A LOS PALACIOS

Las pintadas urbanas, incluso las estéticamente más tópicas y perezosas, ansían ser aceptadas en los altos salones del arte

Rosalía. Cuando Rosalía, acompañada por el Cor Jove del Orfeón catalán, cantó en los premios Goya una casi irreconocible versión del 'Me quedo contigo' de Los Chunguitos, pensé: 'El próximo año quizá veamos y oigamos en la gala del cine español a Omar Montes, ex idilio de Isa Pantoja, interpretando música rapera ('Bandida'), acompañado por la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE.

Productos elegantes. Independientemente de la calidad de las voces -Rosalía canta muy bien y Omar posee una simpática indolencia-, la tendencia de revestir la música popular con ropajes refinados tiene algo de horterada pretenciosa. Una manera como otra cualquier de minar la naturaleza propia de la rumba desgarrada para horas calientes y el espíritu despectivo y catatónico del rap obsesionado con la rima. La fiereza, domesticada y convertida en un producto elegante apto para todos los públicos.

Grafitis. Salvador Aldana opinó sobre los grafitis en los muros del claustro renacentista del Centro del Carmen (LAS PROVINCIAS, sábado 2 de marzo). Ex director general de Patrimonio con el gobierno socialista de Joan Lerma y hombre muy culto, Aldana afirma, como especialista en el trabajo de grafiteros y creadores urbanos, que no conoce ninguna institución cultural «ubicada en un edificio protegido que haya permitido una intervención de estas características en su interior». La intervención de Pichiavo. Evreka en el Carmen no la considera «correcta». Añade: «El arte urbano tiene unos límites».

Ambiciones. Todo el mundo alberga ambiciones. Las pintadas urbanas, incluso las estéticamente más tópicas y perezosas (¡esas horrendas letras gigantes y deformes!), ansían ser aceptadas en los altos salones del arte. Su actual empeño es similar al de la rumba pasional y el rap despreciativo: quieren prosperar, aunque sea a costa de perder su identidad contracultural. Asistimos a una mutación prodigiosa. El 'arte en la calle' empieza a conquistar la condición de 'arte en los palacios'. Quien dice palacios dice museos, fundaciones, conventos, instituciones... El caso es que no todos los grafiteros son Basquiat o Vinz.

Manel Costa. Manel Costa camina en sentido contrario (como siempre). Artista con inagotable imaginación, ha expuesto en numerosos espacios culturales. Ahora lo hace hasta el 30 de marzo en Octubre Centre. Pero no expone en la sala de arte de la entidad, sino en el retrete. Su insólita iniciativa se llama 'L'eXposició a l'eXcusat'. Manel se presenta de este modo: «No sóc futurista, però també. No sóc dadaísta, però també. No sóc surrealista, però també». Su magnífico humor absurdo le da la vuelta a la realidad. Manel ha llenado el pequeño vestíbulo del WC de pequeñas cartelas con aforismos patafísicos: «Tanque la porta abans de entrar», «Tots nosaltres son JO», «L'art útil és, indefectiblement, inútil»...

Lucía Peiró. En la inauguración de 'L'eXposició a l'eXcusat' participó la perfomer valenciana Lucía Peiró con un especial 'concierto de váteres' en el que recurrió a los sonidos -música cotidiana- de los grifos y de las puertas al abrirse y cerrarse, dándole protagonismo al agua de la cisterna y al runrún del secador de manos. Los dos artistas de acción se repartieron el espacio del retrete: Manel maniobraba en el excusado de hombres y Lucía en el de mujeres.

Huevos. «Al acabar el concierto -relata Lucía-, Manel sacó unas bandejas portando 60 huevos frescos con la palabra 'poema' escrita en sus cáscaras. Los repartimos entre los asistentes. Yo me comí uno crudo. Por supuesto, no cené». En Manel Costa y Lucía Peiró bullen ideas, ironía y sólidos referentes, uno de ellos el de John Cage (Nueva York, 1912-1992, conocido principalmente por su composición '4'33', tres movimientos que se interpretan sin tocar una sola nota). ¿Me contradigo si expreso mi deseo de que Manel y Lucía deberían presentar la gala de los Goya que tal vez, a no mucho tardar, se celebre en Valencia?

Feos. En la Sala Refectorio del Carmen hay vistosas imágenes del dúo Pichiavo. Evreka, que conste. Pero precisamente en el claustro renacentista le tributan un chirriante homenaje a lo peor de las pintadas. Grafitis duros, crudos... y feos.