No es buena novelista

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

Julio ya no es lo que era. Estos días no se habla de serpientes de verano sino de disputas y riñas a lo Pimpinela en el Congreso de los Diputados. Se retratan solos. Lo que sucede en el Parlamento, donde culpables, perdedores y otras especies humanas se leen en directo la cartilla de la irresponsabilidad, es la actualidad pero no es la vida. ¿Investidura fallida? Si sólo fuera eso. Fallan los actores, los episodios de traiciones, la trama de hostilidad y el relato de desconfianza. La política no es buena novelista. Al contrario. Suele dejar un montón de cabos sueltos y de historias a medias, apuesta por personajes grises, repite argumentos sin cesar y abusa de recursos facilones como la posibilidad de repetir elecciones. Además, le falta sentido común para crear una narración verosímil o, al menos, creíble para los ciudadanos y un discurso con los pies en el suelo pero con ambición hacia el futuro. Lo dicho: la política no es buena novelista.