UN BUEN DESAHOGO

FERRIOL MOYA

El calor, el estrés, las relaciones familiares... hay mil motivos que pueden hacer necesario un desahogo, un alivio ante una situación complicada o que permita dar salida a un sentimiento. Cada uno es libre de elegir el momento y la forma de hacerlo, faltaría más. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llevan semanas en esa carrera de echarse la culpa para justificar la falta de acuerdo para la investidura del líder socialista, y cada uno se desahoga situando al otro poco menos que como el enemigo a batir, a pesar de que si se repiten elecciones parece probable que tengan que volver a entenderse. Albert Rivera transita el boquete abierto en Ciudadanos con la marcha de algunos de sus fundadores -Francesc Carreras, el padre político del líder de Cs, ha sido el último-. Y encuentra alivio en esa relación con la cantante Malú, y también en el casoplón de 25 millones de euros en La Finca de Pozuelo de Alarcón en el que viven, con nosecuantos cuartos de baño y nosecuantas habitaciones. Un desahogo como otro cualquiera, pero más caro. Pablo Casado, en el PP, capea el batacazo de su partido en las pasadas elecciones generales con una voluntaria cura de silencio, deseoso de que el foco de los medios se sitúe en la incapacidad de la izquierda para entenderse, y por extensión, para gobernar. ¿Y el PP valenciano? Algunos nostálgicos convocados anoche por el exsenador Pedro Agramunt se dieron cita en un restaurante de la playa de Alboraia par reivindicar, dijeron, al PP de las mayorías. Cabe suponer que se trata de la expresión de un eslogan, más que de un hecho cierto, porque no consta que fuera un PP distinto el que ganaba elecciones con porcentajes de apoyo de más del 50% del que ahora consigue con dificultades evitar el sorpaso por parte de Cs. De hecho, si nos ponemos a recordar, habrá que concluir que ese PP de las mayorías es también el que acabó con muchos de sus principales dirigentes sentados en el banquillo de los acusados -y en no pocas ocasiones condenados-, probablemente por confundir esas mayorías absolutas con una suerte de carta blanca para hacer y deshacer sin el menor rigor económico ni control legal. Algunos de esos dirigentes populares se vieron anoche, como queriendo hacer evidente que con ellos el PP recuperaría los triunfos electorales y que con Bonig, en cambio, es imposible. Es un desahogo más, que no tiene en cuenta que algunas de las razones por las que el PP actual afronta cuatro años más de travesía del desierto vienen de aquel PP del despilfarro, que vivió de tirar de chequera como si el dinero no se fuera a acabar nunca y que usó y abusó de gastos que, hoy en día, avergonzarían a cualquier político. Que sea Pedro Agramunt, precisamente, el que reivindique esos comportamientos es el mayor de los desahogos.