'Brexit': Thatcher no lo haría

JOSÉ M. DE AREILZA

Cuando a finales de los ochenta el proyecto de crear una moneda única en Europa estaba empezando a dar sus primeros pasos, Margaret Thatcher confesó en privado a otro jefe de gobierno: «El Reino Unido no va a participar en el euro, no queremos formar parte del mismo. Pero lo que nunca haremos es abandonar la integración europea. No nos marcharemos jamás porque sé que debemos influir en ella y darle forma». La Dama de Hierro era muy consciente de que la política exterior británica había mantenido el mismo objetivo durante doscientos años, estar en todos los sitios en los que se podía defender los intereses nacionales y no replegarse, ni dejar de pesar en ningún foro relevante. Es cierto que el europeísmo de Thatcher pasó por épocas distintas, una notable indiferencia de joven, su apuesta decidida a mediados de los ochenta por liderar el lanzamiento del mercado interior y las críticas unos años después hacia los intentos de avanzar hacia una federación europea y centralizar cada vez más poderes en Bruselas.

Pero con ella en Downing Street, las peleas entre conservadores no se hubiesen intentado zanjar con un referéndum. Y de haber tenido que celebrar Thatcher esta consulta, explica lord Powell, su antiguo jefe de gabinete, la habría ganado, porque demostraba a sus votantes que en sus negociaciones con el resto de socios europeos era capaz de hacerse respetar. Su conservadurismo político la llevaba al pragmatismo. Los avances en la integración europea seguían siendo compatibles con el modelo constitucional británico. El Parlamento soberano estaba en el centro de las decisiones más importantes. Si hoy Thatcher levantase la cabeza opinaría que Theresa May es una figura menor y que David Cameron, por mucho que le profesara admiración, no ha entendido nada, en ningún momento, sobre la defensa de los intereses nacionales en Bruselas. Quiero pensar que además estaría del lado de los conservadores que quieren revertir el 'brexit', todavía una minoría en el partido. Ninguna otra noticia sería tan buena entre los posibles desarrollos de la Unión Europea en 2019.

Los británicos han hecho dos contribuciones esenciales a la integración. La primera, demostrar que se puede mantener la condición de Estado nación al ser miembro del club. No hay que renunciar a la identidad nacional ni a la capacidad de tomar muchas decisiones desde la capital de cada país. Han dado ejemplo a cambio en el cumplimiento del Derecho de la UE. Su segunda gran aportación es una actitud poco estatalista, favorable al mercado y, por lo tanto, a aprovechar las oportunidades de la globalización económica. Esta actitud de antiguo imperio comercial le ha llevado a defender los intereses comunes de los europeos en distintos ámbitos (política comercial, seguridad y defensa.). Perderíamos todos con su salida. Hasta final de octubre la Europa continental puede ayudar a que la venerable democracia británica reconsidere su decisión.