BORRELL DURARÁ POCO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

A simple vista, observando discursos, declaraciones, comportamientos e incluso gestos del ministro de Asuntos Exteriores, el catalán Josep Borrell, y de la titular de Política Territorial, la también catalana Meritxell Batet, podría llegarse fácilmente a la conclusión de que ambos representan de forma planificada casi al milímetro el típico reparto de papeles entre el poli malo (Borrell) y la poli buena (Batet), malo y buena para la causa independentista, claro está, porque si fuera para la inmensa mayoría de los españoles el poli bueno sería Borrell y la poli mala (o, con perdón, un poco tonta) Batet. El expresidente del Parlamento Europeo y azote de los soberanistas y de sus mentiras más extendidas (el famoso «Espanya ens roba») con un pequeño libro de imprescindible lectura ('Las cuentas y los cuentos de la independencia'), el estadista que en un memorable debate televisado desarmó y ridiculizó a Oriol Junqueras, no duda en enfrentarse con los dirigentes secesionistas, en cantarles las cuarenta en público y en ponerse del lado del embajador Pedro Morenés, a pesar de que fue nombrado por Rajoy. Por contra, Batet representa la línea no ya amable sino blanda, meliflua, de mirar para otro lado ante los continuos desplantes, desafíos, provocaciones y chulerías de un soberanismo que cada día que pasa se siente más fuerte y que encima ha recuperado el control de las instituciones catalanas y, lo que es más importante, del dinero, por lo que ya puede poner al expresidente y fugado de la Justicia Carles Puigdemont asesores, chóferes, escoltas y coche oficial, todo a cargo de los Presupuestos de la Generalitat, es decir, de los impuestos que pagamos todos los españoles. Pero no creo que Borrell se haya prestado a ese reparto de papeles, a hacer de poli malo ante sus paisanos independentistas. Él es así, poco convencional, capaz de participar en una manifestación convocada por Sociedad Civil catalana, la misma entidad constitucionalista que provoca picores en el Consell de Puig-Oltra, y hasta de pronunciar un discurso teniendo al lado a un liberal (y premio Nobel de literatura) como Vargas Llosa, una imagen impensable para los socios de Gobierno que se ha buscado Pedro Sánchez, como Podemos, cuyo líder puede ir a entrevistarse con el radical y xenófobo Torra pero jamás compartiría pancarta en una manifestación con el escritor hispano-peruano, al que poco menos que debe considerar un peligroso fascista. No, Borrell encaja mal en el Gobierno fashion, mediático y líquido de Sánchez, es odiado por los independentistas (que no soportan su rigor intelectual), no responde a los cánones de la política actual y en cierta medida es un verso suelto dentro del socialismo y de la izquierda española. No creo que dure mucho en este Ejecutivo.

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