Boñigas de verano

BORJA RODRÍGUEZ

Salir de la zona de confort es un ejercicio que suele destapar grandezas y miserias. España y los españoles somos únicos para esto. Anteayer veía en un telediario de la caja tonta que en el pueblo de Beceite, comunidad de Aragón, el sonido de las campanas de la iglesia ha originado un problema que ha llegado al Consejo de Ministros, para aprobar una consulta popular tras las quejas recibidas. A los turistas alojados en las casas rurales de alrededor no les viene bien el sonido del toque que marca las horas por la noche. Una tradición del pueblo a la que sus aldeanos no piensan renunciar. «Si les molesta, pues que se marchen y no vengan», dice el primer edil de la localidad sobre la aparición de este conflicto.

No hace mucho se hizo viral un vídeo de un ganadero de Soto de Cangas, harto de toda la tontería de algunos que iban de turismo rural. En esta ocasión, el propietario de una casa rural consiguió clausurar un gallinero por el ruido de los gallos, molesto para sus clientes. Fernando, su propietario, no daba crédito pues el gallinero estaba mucho antes de la aparición del hotel rural y al fin y al cabo en un pueblo hay gallinas, perros, tractores, moscas. El vídeo tiene miles de visualizaciones gracias a la sinceridad con la que el ganadero que defiende a Fernando expone la realidad rural: «En los pueblos hay gallinas que cantan, vacas que cagan y tractores que hacen ruido. ¿A qué venís?»

La capacidad de afrontar algo nuevo que sale de nuestra zona de confort es a veces cómico. Otras, como en el caso de la clausura de las playas de Valencia, no lo es tanto. Los protagonistas de este desastre han sido los responsables políticos que no han sabido dar una rápida respuesta a un problema que ha saltado a las portadas de los informativos nacionales. La Comunitat Valenciana, la tierra del turismo, de los festivales de música, del sol y la playa, aparece para toda España como que sus playas están cerradas debido a sus vertidos fecales. La ineptitud para afrontar este problema ha sido y es como para depurar responsabilidades ante los gestores incompetentes de la materia, pendientes únicamente de aplicar leyes a rajatabla, carentes en la mayoría de casos de sentido común, como es el caso del Pativel.

A veces se nos olvida que si vamos al camino de Santiago es muy probable que nos crucemos con vacas o caballos y que tengamos que sortear sus boñigas. A veces se nos olvida que el turista es un cliente al que hay que cuidar con un servicio esmerado, y que en muchas ocasiones deja mucho que desear. Pero sobre todo no se nos debe olvidar que quien legisla y debe hacer cumplir la ley, debe velar para que se cumpla dentro de la legalidad. Y si no está capacitado, nadie salvo su jugosa nómina le obliga a ocupar el cargo de responsabilidad.