Lim, de bombero a pirómano

Llegó al Valencia como solución ante al riesgo de quiebra y ha convertido el club en un chiringuito para sus negocios

Lim, de bombero a pirómano
ÓSCAR DEL POZO

Peter Lim compró la mayor parte de las acciones del Valencia CF en uno de los momentos más delicados de la ya centenaria historia del club, en grave riesgo de quiebra económica e incluso de desaparición. La adquisición de la emblemática entidad por un magnate de Singapur fue vista por muchos valencianistas como una derrota y casi como una humillación, una señal de decadencia de una sociedad que también había perdido sus bancos y era señalada en otras partes de España como un territorio corrupto y poco de fiar. Desde entonces, hace ya cinco años, el Valencia no ha abandonado la montaña rusa a la que tan aficionado es, alternando temporadas de sonoro fracaso con otras en las que se alcanzó el objetivo de entrar en la Liga de campeones. En el último ejercicio, que como el anterior estuvo dirigido por la experta mano de Marcelino García Toral, se consiguió además el extraordinario éxito de ganar la Copa del Rey frente al todopoderoso FC Barcelona, el primer título en once años. Con el asturiano en el banquillo y con Mateo Alemany en los despachos, el club de Mestalla parecía haber alcanzado la estabilidad que tantas veces le ha faltado para poder enderezar de una vez el rumbo y responder a las expectativas de su numerosísima y sufrida afición. No ha sido así. No lo ha sido por el capricho de su dueño, Peter Lim, que desde hace tiempo tenía intención de despedir a Marcelino, lo que al fin consumó ayer. En un acto de prepotencia no exento de cierta chulería, el multimillonario manda un nítido mensaje de aquí mando yo y se hace lo que yo quiero. Aunque eso implique destituir al entrenador de un Valencia campeón. Con ello, Lim demuestra que no es el interés del Valencia el que le mueve, que no le importa lo más mínimo cómo respira la hinchada valencianista, que no son criterios futbolísticos y profesionales los que guían sus decisiones. Para él, el Valencia es tan sólo un negocio, uno más, un chiringuito para comprar y vender futbolistas. El que fue recibido como un bombero ha demostrado ser un pirómano, otro más.