Son bombas, no maceteros

VICENTE LLADRÓ

Al final les vamos a vender las conflictivas bombas guiadas por láser a Arabia Saudí, pero el Gobierno confía en que les den un buen uso, lo que, dada la doctrina oficial imperante, la que motivó las dudas y el repentino no de días atrás, debe significar que no se gasten para matar. Sobre todo que no se empleen contra los yemeníes, según ha señalado la ministra portavoz. Difícil va a ser de cumplir tal deseo, porque los árabes no habrán decidido comprarlas con la intención de montar con ellas decorativos maceteros, ni es de imaginar que tal empleo esté incluido en el manual de instrucciones. Menuda contradicción. Fabricamos bombas pero luego tenemos remordimientos. Hacemos amagos, nos las prometemos felices, vamos de pacifistas a tope, que está muy bien, pero la realidad golpea de pronto en forma de duras manifestaciones obreras en Cádiz. Pero ¿cómo es esto, qué pasa, que el proletariado no está por la paz mundial y la solidaridad a prueba de todo y en contra de las guerras y las bombas que matan? Sí, pero también está contra el hambre; lo primero que quiere el proletariado es seguir cobrando a final de mes, y cuando está en juego el puesto de trabajo no se está en miramientos. Al conocer que el Gobierno de España se resistía a cumplir el contrato de las bombas, los saudíes dijeron: pues tampoco queremos las corbetas que hemos encargado, y de inmediato los trabajadores de Navantia se pusieron en pie de guerra y advirtieron que no se podían poner en peligro los jornales que alimentan a sus familias. Hasta el alcalde de Cádiz, de Podemos, se ha colocado a su lado y ha dicho «No va a depender la paz mundial de la Bahía gaditana». Total, las corbetas tampoco son para ir de excursión. Hasta se entenderá mejor ahora el papel de relaciones públicas del rey emérito para traer contratos y carga de trabajo a España.

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