Bloqueo o mal Gobierno

Bloqueo o mal Gobierno
Efe
JAVIER SÁNCHEZ HERRADOR

Decía Tácito que para quienes ambicionan el poder no existe una vía intermedia entre la cumbre y el precipicio. La política así concebida sería un juego de vencedores y vencidos, una batalla en la que no habría espacio para el pacto y la transacción. Si Clausewitz aseguraba que la guerra es la continuación de la política por otros medios, la política sería una guerra simbólica en la que los contendientes deben sobrevivir e imponerse al adversario. En España asistimos a una batalla política sin fin, de victorias pírricas y derrotas no asumidas en la que todos los bandos permanecen atrincherados. Para salir del bloqueo político a veces no es necesario un triunfo indiscutible sino una legitimidad reconocida por aquellos que luchan por el poder. Ese es el principal problema, la falta de credibilidad y liderazgo de todos los candidatos que facilita el ciclo de incertidumbre y repetición electoral. La debilidad de los aspirantes a la Moncloa es la causa fundamental del bloqueo, además de una falta de sentido de Estado alarmante. En la biografía y en la trayectoria vital de los hombres están casi siempre las explicaciones de sus actos. Estamos asistiendo a la lucha descarnada por el poder con el interés general como excusa. Ni Pedro Sánchez es un resistente, ni Pablo Iglesias un adalid de la justicia social, ni Casado, Rivera o Abascal los únicos campeones de la democracia y del orden constitucional. En este conflicto de intereses los contrincantes tienen una característica común: ninguno tenía una profesión o una experiencia laboral dilatada antes de dedicarse a la política. Separar el destino personal y el interés general resulta en esas condiciones imposible. Los que creen que el bloqueo no tendrá consecuencias económicas y sociales desconocen que los problemas se cuecen a fuego lento pero explotan cuando menos se les espera. Italia es el ejemplo. Años y años de gobiernos inestables y componendas inútiles han cristalizado en un régimen político decadente y en una economía comatosa. En España llevamos casi cinco años sin legislar en serio y sin realizar las reformas esenciales que afronten los cambios profundos que vienen. Mientras tanto lo importante es quién se sienta en el Consejo de Ministros, si me hago o no la foto de la negociación y la intensidad de los vetos cruzados.

Pero si el bloqueo es nefasto, un mal Gobierno sería peor. Un Gobierno bicéfalo, con Iglesias en la sombra aunque no esté en el Consejo de Ministros, con ocurrencias periódicas sobre el independentismo catalán y con advertencias continuas de Europa cuando se dispare, que lo haría con total seguridad, el déficit público. L'a pelea estaría asegurada en un Ejecutivo que mostraría incoherencias e inestabilidad permanente. Es lo que tiene buscar alianzas con socios a los que cortejas en campaña pero que representan una cultura política completamente diferente a la tuya. El PSOE es el centro izquierda burgués dentro del sistema y Podemos la extrema izquierda populista que desea destruir el régimen constitucional del 78.

Siendo importantes las diferencias ideológicas, hay otras claves para entender el fracaso de la investidura, como la incapacidad de Pedro Sánchez para compartir el poder, pues en el fondo los socialistas consideran que Podemos solo es un fenómeno puntual surgido de la crisis, un voto prestado, una excepcionalidad que lentamente se extinguirá con las sucesivas elecciones. Y también la obsesión de Pablo Iglesias por los sillones del Consejo de Ministros, pues en realidad su máxima aspiración es aniquilar a los socialistas a los que ve como unos administradores del capitalismo y del sistema.

Estas negociaciones entre el PSOE y Podemos suponen una enseñanza para la ciudadanía, una clase práctica sobre la toma del poder. Unos y otros no son idealistas que quieren cambiar el país, sino negociadores despiadados en guerra por el Gobierno y el control presupuestario. Se acabó la supremacía cultural de la izquierda. Muchos votantes necesitan de cierto idealismo y una dosis de ilusión para salir a votar. Y no hay nada más prosaico que la negociación que estamos viendo entre los socialistas y Podemos. Si hay nuevas elecciones es seguro que lo pagarán en las urnas. La derecha tripartita se frota la manos y ni se cree el espectáculo que Pedro Sánchez y Pablo iglesias están dando. ¿Será verdad que a veces una derrota se convierte en una oportunidad gracias a la inutilidad de tus enemigos? No es seguro, ese combate entre PSOE y Podemos dejará al descubierto sus respectivas debilidades y ello provocará un vértigo insoportable. Es por eso que resulta muy probable que al final, en septiembre, surja un Ejecutivo de izquierdas de dos contrincantes temerosos y exhaustos. El bloqueo daría paso entonces a un Gobierno débil y transitorio.