LAS BICICLETAS

La estrategia de movilidad con la que Ribó iba a rematar su mandato le ha explotado en la cara por las críticas vecinales

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Queda algo presuntuosa la manida aseveración del «ya te lo dije», pero es que en las últimas semanas se ha cumplido lo anunciado y denunciado en estas páginas desde hace más de tres años. Al final, cuando faltan sólo cuatro meses para depositar el voto en las elecciones municipales, la estrategia de tráfico le ha explotado al alcalde Ribó en plena cara.

No se debe a que los carriles ciclistas sean malos. No es eso, sino que ha faltado la necesaria pedagogía con los vecinos de esta ciudad para que asuman como propio algo que sienten les ha llegado obligado de un modelo propio de otros países. A las pruebas me remito con lo sucedido las últimas semanas con ejemplos como los de la avenida Burjassot y la avenida Reino de Valencia, cuestionados por este periódico desde el principio y donde ahora se han sumado más voces.

Al margen del debate de la seguridad vial, los atascos o la eliminación de la doble fila, de las bondades y las maldades de ese modelo, es innegable que la cuestión de fondo ha sido la falta de empatía de una política y unos gestores con la mayoría de los ciudadanos. No es normal que de todas las obras realizadas con los presupuestos participativos, aquellas votadas por los vecinos, sólo las de tráfico hayan resultado polémicas al ejecutarse. Es un fracaso estrepitoso que debe analizarse.

Utilizar, disfrazar las inversiones votadas por un puñado de personas conlleva estas consecuencias, de las que Compromís debería haberse dado cuenta en 2015, como partido que presumió de haber conectado con la calle y las necesidades de la gente. Seis de los veintidós carriles ciclistas aprobados de esa manera y avalados por la concejalía de Movilidad al declararlos viables, recibieron menos de un centenar de apoyos cada uno. ¿Nadie se dio cuenta del riesgo que suponía?

Cuando el debate promovido por LAS PROVINCIAS se ha hecho general, los afines al concejal de Movilidad, Giuseppe Grezzi, y el mismo han recordado que el Plan de Movilidad de 2013 encargado y aprobado por el gobierno de Rita Barberá recomendaba muchas de estas obras. En efecto, así es, pero lo que ha fallado ha sido su gestión de cara a los vecinos.

Este domingo, el presidente de la asociación de vecinos de Benicalap, Pep Bellver, se preguntaba qué pasará cuando un vehículo de emergencia necesite pasar por la avenida Burjassot (se ha quedado con un carril) o simplemente se averíe un autobús de la EMT. Tanto dinero que dedica el gobierno municipal a contratar empresas para que hagan mesas de trabajo, debates y encuestas, no entiendo la razón de que esta sencilla pregunta de Bellver no haya sido respondida y la conozcan los residentes antes de que empezaran las obras.

Ahora ya es tarde, aunque todavía queda la traca final de varios carriles bici que debían convertirse en el broche de oro del mandato de Ribó. Veremos si ralentizan los concursos o siguen adelante con lo proyectado en el camino de Moncada, la Gran Vía Fernando el Católico o la avenida Primado Reig. Si optan por la segunda opción, ya tardan en acometer una buena pedagogía. Transparencia y a rectificar lo que haga falta.

Se trata de responder a preguntas como la que me hacía un amigo. Su madre tiene 92 años, vive en Guillem de Castro y cuando la deja en su casa es imposible aparcar ni siquiera cerca del patio. Cada vez que ocurre esto, asegura, se acuerda del Ayuntamiento y no es para bien.

Dicen Fernando Giner y María José Català que si gobiernan revertirán el carril ciclista en la calle Colón. No iría yo tan lejos sin antes escuchar a vecinos y comerciantes para evitar tropezar en lo mismo que ha sucedido al gobierno actual con los ejemplos anteriores. Es más, yo diría que se puede mantener así con el adecuado refuerzo de metro y EMT.

Siempre hay que ofrecer una alternativa viable. Obligar a ir al centro en bicicleta o autobús cuando el usuario debe estar en la parada más de veinte minutos o la oferta del metro es tan mala como la de Valencia es un sinsentido. De ahí que la Federación de Vecinos lo tenga tan claro: primero peatones, después transporte público y a partir de ahí todo lo demás.

Y por ir más allá de la bicicleta ¿Qué ha hecho el gobierno municipal para regular las motos y coches eléctricos de alquiler, amén de los patinetes? Pues nada, como si no corriera prisa. Es la guinda de la desastrosa política de tráfico del Consistorio, que después de reunirse con las empresas y ofrecerles buenas palabras, ha guardado todo en un cajón aunque el mercado y la demanda sean cada vez mayores.