'Un bichito tan pequeño que si se cae se mata'

Tras negar el problemón, poco a poco reconocen que no todas las aguas residuales se sanean. Acabarán tocando a rebato

VICENTE LLADRÓ

Primero negaron el origen del problemón. No eran las depuradoras, ni la red de alcantarillado, ni filtraciones, ni roturas en los emisarios submarinos. Y señalaron a las acequias como causantes de la contaminación de restos fecales que llegaba (llega) a la costa y obligó a cerrar playas. ¿Una acequia puede provocar por sí sola tal cosa? ¿Generación espontánea? Ayer cerraron una playa de Alcossebre por lo mismo y achacaron la causa a una avería del alcantarillado. Pero el alcantarillado es una red de conductos, no una máquina susceptible de averiarse.

Entre los responsables de las acequias prima la cautela, no les conviene hablar claro, por si acaso, por si repercutiera en desconfinzas en la parte de los convenios municipales por utilizar sus redes para evacuar vertidos, sobre el papel sólo pluviales. Pero tampoco están de acuerdo en que se carguen las culpas en exclusiva a las acequias, que están ahí desde hace muchos siglos, como los campos y las alquerías.

El director general de Agua de la Generalitat fue el primero en reconocer que había algo más, aunque sin darle demasiada relevancia. Aludió más o menos a unas cuantas casas aisladas de la huerta que no están conectadas a la red de alcantarillado. Poca cosa, sin duda, y al parecer fácil de solucionar. Nos vino entonces a la memoria aquella famosa frase del entonces ministro de Sanidad, Jesús Sancho Rof, cuando, en su intento de quitarle hierro al desgraciado asunto del aceite de colza proclamó, en mayo de 1981, que «es un bichito tan pequeño que si se cae de la mesa se mata». No era un bichito (ni bacteria ni virus), sino un grave problema de salud pública provocado por el desvío para alimentación humana de un aceite que había sido desnaturalizado para emplearse sólo en industria. Las anilinas utilizadas en su desnaturalización causaron el desastre, al consumirse aquel aceite confiando plenamente en que fuera alimentario. Pero a las anilinas se sumaron la mala intención de alguien, el desconocimiento de otros, la falta de controles y seguramente silencios cómplices.

Al escuchar al director del Agua señalar a unas cuantas casas de la huerta fue cuando caímos en la cuenta de que, una de dos: o hay voluntad de enmascarar realidades, o es cierto que se han perdido los planos y la memoria y no saben de verdad lo que ocurre, van a salto de mata. No es broma, el Ayuntamiento de Quart de Poblet ha reconocido que tiene indebidos vertidos urbanos a las acequias, pero con el problema añadido de que no sabe de qué casas y calles concretas son. No hay planos. ¿Y eso pasa sólo en Quart? Es evidente que no, está generalizado, incluida la ciudad de Valencia, aunque el alcalde Ribó miré hacia otro lado. Poco a poco van saliendo más cosas, se irá sabiendo, y acabarán tocando a rebato. Lo más gordo está por salir. ¿Se riega con aguas fecales? ¿Se cobra el canon de saneamiento a quienes no se sanea nada? ¿Una huerta ecológica en la capital de la alimentación sostenible?