LAS BARCAS Y SU TENSADO

MIKEL PAGOLA ERVITI

Aprovechando la mascletà de ayer de Turís, les explicaré alguna curiosidad. Estos disparos a veces no los diseña sólo una persona. En el caso de los turisanos la parte de cuerdas corrió a cargo de Vicente Cervera Chulià, ayudado por su socio Gaspar Guaita Ruiz. Pero, sin embargo, los adornos que llevaban de fuego digitalizado fueron obra de Paco Ribes Gallart. El montaje en la plaza, obviamente, implica a muchos más operarios, curtidos profesionales del ramo, tanto propios del taller como a veces externos. Sin ir más lejos, ayer les estuvo ayudando un pirotécnico canadiense, el diseñador Francois Philibert, puesto que es bastante habitual que muchos expertos extranjeros visiten las Fallas y que algunos no sólo vengan a ver disparos, monumentos, gastronomía y paisajes, sino que aprovechen la estancia para sacarse un doctorado en pirotecnia pura y dura, que es la diurna valenciana. Yo sí que hago un máster estos días gracias a todo lo que me enseñan polvoristas como Toni Segura Sorlí (y otros muchos en estos diez y nueve días), que me explicó una nueva palabra para el diccionario pirotécnico que estoy elaborando: 'barca', que es la panza que les sale a las cuerdas cuando, bajo el sol, se secan y destensan, lo que obliga a volver a estirarlas a última hora. No es ningún fallo, pues, sino algo natural si ven ustedes hacer esto en la mascletà de su falla. Ayer, tras la traca, vino el antedicho digital. Lo mejor: su final con potentes e igualados volcanes amarillos que, junto con chicharras, se cerraron con rodadas en latigazo de truenos en el suelo. Luego, las cuerdas constaron de cinco retenciones con acompañamiento aéreo perimetral. Alguna serpentina verde tenía que haber ido algo más alta. El terremoto se inició a la contra (en Correos), un pelín pronto, antes de llegar al final del último cuerpo. Se le dio fuego a mano y funcionó todo espoletado. Fue endiabladamente rápido y fortísimo. El bombardeo fue de corte clásico y con una posterior y rápida rúbrica final a bases de pantallazo ascendente por toda la plaza, culminado con un último golpe de truenos hermético.