BALANCE DE LEGISLATURA, 'CHI LO SA'

BALANCE DE LEGISLATURA, 'CHI LO SA'

Ya sabemos que poner en la agenda la singularidad valenciana pasa por hacerla coincidir con la generalidad nacional, lo que demuestra lo plástico que es el cerebro humano para adaptar sus argumentos, más los políticos, a la propia conveniencia. En cualquier caso, la convocatoria adelantada de las elecciones autonómicas permite echar la vista atrás, se convierte en la mejor excusa para realizar el balance de la legislatura educativa.

Así, siguiendo todavía en el terreno más político, una de las características del Acuerdo del Botánico fue el llamado mestizaje, es decir, una trenza bipartidista por la cual los puestos de conseller asignados a un partido han convivido con un segundo escalafón en dicho departamento con presencia del otro. Los resultados, a tenor de lo leído, han ido por barrios. En lo referido a Educación, este mestizaje quizás sea donde mejor ha funcionado. El conseller Vicent Marzà, por parte de Compromís, y el secretario autonómico Miguel Soler, por parte del PSPV-PSOE, encontraron los puntos comunes en sus objetivos y el respeto suficiente de no interferencia que se han traducido en una conselleria de acción política sólida y, por tanto, no ha devenido en una bicefalia tirante en la que cada cabeza fuera hacia un lado diferente.

Este éxito del mestizaje en Educación no quita para que durante la legislatura haya habido una distribución de tareas compactadas, porque en política el anunciado mestizaje implica más bien conllevancia y no mezcla. Así, sería asignable a Compromís, en una asignación general y rápida, el fomento del valenciano o los nuevos horizontes de autonomía pedagógica, mientras que a los socialistas el marco regulatorio o el mismo programa Edificant.

Edificant, la alternativa elucubrada a la devaluada Ciegsa, llegó tarde para hacer cumplir uno de los principales objetivos educativos de legislatura que es la eliminación de las aulas prefabricadas en los centros públicos valencianos.

Otro rasgo de la legislatura ha sido la acción política preferente hacia la pública y el valenciano, ya no sólo como concreciones de gestión, sino como concepto político, de tal forma que ambos calificativos se han adosado a todas y cada una de las áreas escolares. Pongamos sólo un ejemplo: según la última memoria del Consell Escolar Valencià, curso 2015-16, el plurilingüismo es el ámbito con más acciones de formación de profesorado; por comparar, 15.692 docentes de Secundaria realizaron cursos relacionados con el tema por 1.251 que se formaron en Atención a la Diversidad.

Esta preferencia política, en lo menudo, de alguna manera ha generado otra de las características de la legislatura que ha sido la reversión judicial de decisiones políticas de calado. Sobre todo, ya digo, en lo referido al plurilingüismo, con ese primer modelo establecido en un decreto que tumbaron los tribunales y, por otro lado, en el trato a la concertada, un sector que ha paralizado sentencia a sentencia decisiones de la conselleria.

Las tristezas judiciales de la conselleria las ha podido paliar presupuestariamente, de tal forma que en cuanto a recursos la legislatura recupera la plantilla de profesorado previa a la crisis. Esto corresponde a la tradicional visión de los partidos de izquierdas sobre la gestión educativa por la cual la buena gestión es equivalente al aumento presupuestario, y a lo que podría llamarse la 'docentización' que ha provocado el mestizaje político, es decir, dejar en manos, prácticamente en exclusiva, de docentes las riendas de la Administración, lo que provoca virtudes, por supuesto, pero también rompe el equilibrio entre los agentes implicados en lo educativo.

Y de este plasma germinal sale el último rasgo de la legislatura que quiero mencionar que es el de la opacidad, porque en la gestión de la cosa pública es de esperar que a la inversión acompañe la rendición de cuentas, una costumbre democrática que el sistema educativo logra evadir con razones interesadas. Los resultados educativos de la legislatura se desconocen, las evaluaciones se desconocen y los indicadores habituales hay que esperar que los publique el Ministerio. Por tanto, el verdadero balance de la legislatura educativa, es decir, sobre si realmente ha mejorado o no la Educación que reciben nuestros niños, es una incógnita. Podemos decir que tienen el libro gratis, pero no si se lo saben mejor. Chi lo sa. El resto son las cosas de los mayores.