BACHILLERATO, UNA ETAPA DEVALUADA

Cuando la ministra Celaá propone un Bachillerato de tres años para aquellos alumnos que repiten, la novedad no está en los años, pues los repetidores ya de por sí superan, en el mejor de los casos, el Bachillerato en tres años: primero, segundo y el curso repetido. El debate está, por tanto, en si un alumno repetidor debe volver a cursar las asignaturas ya aprobadas. Ni siquiera es así en todas las circunstancias. Al finalizar segundo, el alumno puede optar por repetir sólo lo suspendido o todo el curso. También puede estar exento de cursar lo ya aprobado el alumno que estudia Bachillerato a través de la educación de adultos. La discusión está aquí, en llevar la evaluación de esta etapa a los modos y maneras universitarias de tal forma que se rompe la unidad académica anual que es el curso para personalizar las asignaturas individualizadas al ritmo de cada estudiante, o mantener la similitud con la Obligatoria de subir los escalones enteros sin cargar una mochila que amontona suspensos anteriores.

Desde la reforma de la Logse, el Bachillerato ha sido la etapa más perjudicada, haciéndola antipática para el estudiante, apresurada para el docente y mermada en su prestigio de cara a la sociedad. Es la única etapa postobligatoria no profesionalizadora en tiempos donde el resto de postobligatoria, incluida la universitaria, pone el foco en la empleabilidad. El Bachillerato es una autopista que sólo alcanza algún destino cuando se toma alguna de sus salidas.

No vean, por supuesto, una crítica a una etapa esencial, cuya importante función pretende elevar los conocimientos y habilidades del alumnado para situarle en el punto académico óptimo para afrontar estudios superiores. Asimismo, con sus modalidades, direcciona a los estudiantes hacia las distintas ramas de conocimiento.

Así, su acortamiento desde la Logse que además niveló su barrera de entrada al Grado Medio de FP al exigir el mismo título de ESO, exigió el apelotonamiento de especialidades y la premura de dar cabida todo en un curso y tres cuartos. Se elevó así su vertiente de academia preparatoria para la prueba de acceso a la universidad, potenciada por la extensión de los numerus clausus y el alza de las notas de corte en las carreras más demandadas. Tanto es así que las últimas reformas, incluso, la han hecho, sobre el papel, innecesaria, de tal forma que existen pasarelas entre los grados de FP por las cuales se puede terminar en la universidad sin Bachillerato ni Selectivo.

Así, ha habido un vuelco imperceptible en las dos últimas décadas respecto al Bachillerato de tal forma que los ciclos formativos han ido atrayendo cada vez más matrículas. En la Comunitat, en el curso 2002-03, había alrededor de 24.000 alumnos de Grado Medio y 21.600 de Grado Superior, por 59.200 estudiantes de Bachillerato. El curso pasado, según datos del Ministerio, el reparto es de 41.000 en Grado Medio, 42.500 en Superior y 63.400 en Bachillerato.

El Bachillerato de tres años que propone Celaá no es el que inicialmente puso sobre la mesa el ex ministro Wert, alentado por los catedráticos de instituto y por una de las facciones pedagógicas/escolares del PP que defienden extender un curso más esta etapa para reforzarla. Ni siquiera para eso, sino para oxigenarla, darle más espacio de aprendizaje frente a la carrera final en búsqueda del aprobado y la nota. Aquella propuesta cayó pronto en el olvido porque se enfrentó a las mismas dificultades que la que ahora se propone: un centro escolar no se organiza igual que uno universitario, y es muy difícil en la práctica que un alumno pueda estar día a día a caballo entre dos cursos.

Sin embargo, el problema sigue siendo el mismo de todo nuestro sistema educativo: un sistema con alma universal pero costumbres selectivas. En primero, un 20% de los alumnos no promociona de curso, y otro 22% lo hace arrastrando alguna asignatura. El extremo: sólo el 45,8%, menos de la mitad, de los varones de institutos públicos pasa con el curso limpio. Más radical: en las modalidades de Humanidades y Ciencias Sociales, este porcentaje desciende a sólo el 37% de los alumnos. En segundo, titula el 82,9%.

Temo que la propuesta del Ministerio aumente todavía más el número de alumnos que necesiten tres años para terminar Bachillerato sin mejorar el diseño ni la organización de la etapa. El quid es si la medida aumentará o no el alumnado que abandone sus estudios.