AZABACHE, CRISTAL Y PERLAS

Mª ÁNGELES ARAZO

Bordados Pla' fue la tienda pionera de la calle Salvá, la arteria que enlaza la plaza del Colegio del Patriarca con la calle Pintor Sorolla, auténtico paso en el centro mercantil de Valencia. Tienda y taller exactamente, y no pequeño; en el que trabajaban diecisiete bordadoras especializadas en manteletas y delantales para el traje de valenciana, y también en apliques de modistería de alta costura.

El delicado taller se fue reduciendo, ya que proliferaron los comercios dedicados al atuendo típico sin exclusividad, pero la firma Pla jamás abandonó el bordado ni los encargos para modelos de lujo.

Teresa Guardiola, hija de Pepita Pla, inició la creación de personalísimos accesorios diseñados para determinado traje o conjunto y consiguió hermosas piezas de acuerdo con el estilo que parecía actualizar la moda, tanto de 'art decó' (la de los años veinte) con los inolvidables collares largos, tan sugestivos para bailar el charlestón, como la característica bisutería del mundo oriental.

La tienda, afortunadamente, siguió con la decoración del tiempo en que se fundó: una acogedora boutique con armariada, mostradores y vitrinas de caoba, lámparas de cristal con lágrimas en las lámparas y falsos arcos, que en aquel entonces separaban, con cortinajes de raso o terciopelo, la estancia del probador; ya que se vendían glasillas, patrones exclusivos que se recibían de París y Barcelona, adquiridos aquí por las modistas de renombre, que exigían la intimidad para pruebas.

En fin, era una boutique a la que apetecía entrar y olvidarse del tiempo.

Las fornituras de Mahón, azabaches y perlas de Manacor y cuentas de cerámica decoradas; abalorios de China, fantasías de cristal de Austria y Checoslovaquia entonces aún existía), constituían la base de tan original artesanía, que se iniciaba con la creación a lápiz del dibujo para un cuello, una pechera, unos puños, un cinturón, o un detalle para las trenzas o el moño. Todos los caprichos eran susceptibles de convertirse en realidad. Casa Pla era la visita obligada cuando se tenía cita para cualquier ceremonia.