AVISO A NAVEGANTES

IGNACIO GIL LÁZARO

Restan exactamente quince días para saber si se forma gobierno o hay que ir a nuevas elecciones el 10 de noviembre. Mientras tanto, Sánchez intenta engañar a la opinión pública asegurando que no las desea. No ni poco. La prueba es como ha desperdiciado el mes de agosto. Inactivo. A verlas venir en Doñana. Desde luego las reuniones mantenidas con grupos sociales han sido otra tomadura de pelo. Inútiles para desbloquear la gobernabilidad porque esa tarea compete en exclusiva a los partidos sobre la base de tejer alianzas. Sin embargo, Sanchez no ha dado paso alguno al respecto. A estas alturas, sacarse de la manga un «programa progresista» como propuesta de solución supone tan solo marear la perdiz y huele a artimaña electoral urdida con la complicidad de las habituales 'entidades amigas' subvencionadas a costa del erario público. Lo de siempre. Puro teatro. Eso sí, el programa de marras comporta al menos un aviso a navegantes sobre lo que Sánchez está dispuesto a hacer si gobierna. Sectarismo ideológico, subida de impuestos, intervencionismo descarado frente al ámbito de la privacidad, cortapisas de la libertad individual y ruina de las clases medias. En definitiva, carcundia radical para tratar de presionar a Iglesias esgrimiendo dialéctica panfletaria al gusto de la extrema izquierda. Sea como fuere, las intenciones de Sánchez están claras. Lograr la investidura gratis, vía trágala podemita sin presencia en el Consejo de Ministros, o si no echarle la culpa a la oposición y a Podemos de tener que volver a las urnas. Es decir, la osadía, el cinismo y la petulancia sanchista de costumbre. No obstante, debiera andarse con ojo. Una gran parte de la sociedad española empieza a estar harta de las idas y venidas de este personaje cuyo único objetivo es servirse a sí mismo sin importarle lo más mínimo las necesidades de España. Se le ve el plumero a distancia. Así que oído cocina socialista no vaya a ser que el PSOE acabe llevándose una sorpresa mayúscula a pesar de los augurios que le brindan las encuestas. El voto lo carga el diablo cuando se tienta en exceso a la suerte.