EL AUGE DE LAS 'MANADAS'

EL AUGE DE LAS 'MANADAS'
CARMEN MARTÍNEZ

Sigo con estupor las últimas noticias sobre agresiones sexuales múltiples en nuestro país. En España se han denunciado 104 casos de este tipo de delitos desde 2016; y aunque las violaciones grupales suponen una minoría del total de los ataques sexuales que se producen en nuestro ámbito territorial, existe una tendencia preocupante que lleva a algunos hombres jóvenes a exhibir su virilidad en términos de sometimiento.

De no haber trascendido el caso de la 'manada' es posible que hoy aún no fuéramos conscientes de la magnitud del problema. Gracias a esa joven de apenas 18 años nuestra sociedad ha abierto un camino de lucha que ya no tiene vuelta atrás. Se expuso al acoso social y mediático de una parte de la sociedad que la culpabilizó de su desgracia, y ahora que el Tribunal Supremo ha sentenciado la 'agresión', esta joven puede pasar página y descargar sobre sus agresores el enorme peso que ha sostenido los últimos tres años.

Debemos forzar un cambio social y legal que quite el foco de las víctimas y empiece a culpabilizar sin fisuras a los delincuentes sexuales, y así estaremos ayudando también a las personas agredidas a curar sus heridas. Es imprescindible que quienes cometen el delito asuman socialmente las responsabilidades y la vergüenza. La sentencia legal no puede ser la única condena que deban cumplir los violadores, deben vivir con la vergüenza y con el miedo, asimilar en sus propias carnes el dolor que provocaron. Pero esto no debe interpretarse como una venganza, sino como un proceso madurativo de nuestra misma sociedad, porque aislando e identificando individualmente a los agresores les estaremos echando de nuestro círculo social de confianza y estaremos lanzando un mensaje: «estos son los límites».

Las agresiones grupales perpetúan el discurso del miedo, y en consecuencia las mujeres crecemos pensando que el espacio público puede ser peligroso, lo que en sí mismo supone una discriminación más hacia nosotras. Devolvámosles la vergüenza y el miedo a los agresores. Que no haya más manadas que la feminista.