Mi asistente virtual

Cuando leo que hay una iniciativa para pedir voz de hombre, me sorprendo y congratulo

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Hace relativamente poco que descubrí a Siri. Siri es lo que se llama un «asistente virtual». Es una opción que tienen algunos móviles de recibir órdenes y cumplirlas sin necesidad de hacerlo el usuario. Solo hay que pedírselo. Por ejemplo, yo le digo: «Siri, llama a Agapito» y Siri me pregunta: «¿el del Gorrito?», suponiendo que lo tenga recogido así en la agenda de teléfonos. Yo le contesto: «Sí» y él, inmediatamente, marca sin tener que pulsar yo. O le pido: «Siri, crea una nota que diga 'tomate, lechuga y media docena de huevos'», cuando caigo en la cuenta de que no tengo ensalada ni ganas de teclear con esas letritas tan pequeñas de los teléfonos. Si he de anotarlo yo, entre el odioso teclado del móvil y la dichosa presbicia, necesito tres horas para hacer la lista de la compra. Así, con Siri, solo tengo que dictarlo. Lo malo es que a veces no entiende bien lo que le digo y en lugar de escribir 'tomate, lechuga y media docena de huevos', me pregunta: «¿Guardo la nota 'toma tele, chunga, y mediado cena de huecos?'». Es ahí cuando me acuerdo de Ada Lovelace, Bill Gates, Steve Jobs y toda la inteligencia artificial junta y termino por escribirlo de cualquier manera. Yo ya me entiendo. Pero hasta que eso llega, Siri me soluciona cosillas que hacen la vida más cómoda. La mejor es la capacidad para guiarme en un sitio desconocido indicándome, como el GPS del coche, por dónde ir hasta llegar a mi destino sin dar un rodeo insufrible o perderme dos kilómetros más lejos. Desde que lo descubrí, estoy encantada con él y espero que desarrollen muchos otros asistentes virtuales en derredor.

Por eso, por mi reciente afición a Siri, me sorprendió estos días la campaña para pedir que los asistentes no tengan siempre voces femeninas. Es verdad que los GPS y otros similares las tienen pero yo, desde que descubrí Siri, le cambié la voz a la de hombre y no he usado nunca la femenina. Habiendo opción masculina, me pareció sugerente mandarle y, sobre todo, discutir con 'él' cuando voy en el coche y se empeña en cambiar de ruta. Yo soy muy mía para elegir carreteras secundarias y nunca he llevado el clásico GPS por no tenerla. Era una decisión sabia. A menudo, discuto con Siri porque intuyo cómo llegar sin hacer caso a la vuelta que él me sugiere y termina, enfurruñado, con su frase más categórica: «Vuelve al inicio de la ruta». Eso lo dice, en ocasiones, a 350 kilómetros de casa y yo no puedo por más que troncharme y apagarlo. Por eso, cuando leo que hay una iniciativa para pedir voz de hombre, me sorprendo y congratulo. Yo no conozco otra a la que dar órdenes cuando conduzco, o mandar callar cuando sé que tengo la razón. Tomé conciencia de ello una vez que le pregunté cómo llegar por la ruta más corta al cementerio de Valencia y, tras indicármela, lo señaló como establecimiento de 3 estrellas. No sé qué pensar, pero espero que el descanso eterno tenga algo más de categoría.

 

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