Un «asesino de carácter» en Transparencia

FERRAN BELDA

No se pueden imaginar el peso que me ha quitado de encima el sector crítico de EU. Saber que hasta los mismos camaradas del ahora secretario autonómico de Participación, Transparencia, etc. Ignacio Blanco echan pestes de él ha supuesto un gran alivio para mí. La convicción de que nunca terminas de escribir lo que debieras y de que con frecuencia eres inmerecidamente severo por falta de elementos de juicio me ha provocado siempre una cierta desazón. Y aunque no tenía la menor duda de que el entonces diputado Ignacio Blanco se merecía hasta el último reproche que le lancé por la campaña de descrédito que promovió contra Santiago Calatrava, una campaña como no ha habido otra -un partido contra un arquitecto; lo nunca visto en el mundo-, ocurrió algo poco después que azuzó mi intranquilidad. Una excompañera de cuya solvencia jamás había dudado le dedicó tal cantidad de elogios al no resultar reelegido en las elecciones autonómicas de 2015 que me dejó desconcertado. ¿Me habría extralimitado con él? No me cabía en la cabeza que el desdichado que había intentado acabar con la reputación de la mayor gloria valenciana viva con el tristemente célebre «Calatrava te la clava» fuera para mi admirada colega un «cerebro especializado en investigación y denuncia». «Un temido detective que acabó sentando en el banquillo a numerosos cargos públicos». Amén de un «licenciado en políticas y buen conocedor de varias ramas del derecho». Estaba dispuesto a admitir que el sujeto que convirtió a Calatrava en chivo expiatorio de todas las trapacerías cometidas en aquellos años en Valencia era un «experto en medios». No había más que ver cómo había logrado que toda la prensa española se lo tomara como el pito del sereno. Pero bajo ningún concepto podía aceptar que se insinuara siquiera que Ignacio Blanco «cumplía a rajatabla los requisitos de calidad previstos en los manuales de gestión» porque no hay catón que contemple el asesinato de carácter como una bella arte. Y aún así la compañera insistía: En cuanto Mónica Oltra lo repesque «dará que hablar» con nuevas denuncias. Quiá. Para mi tranquilidad, ni los desplomes sufridos por el Palau de la Música animaron al otrora martillo de herejes de la arquitectura a romper el voto de silencio que se impuso al ingresar en el cenobio laico de Oltra; con la prisa que se daba en mortificar a Calatrava cada vez que caía una tesela del Ágora. Y, por si esto fuera poco, sus propios correligionarios de EU lo han terminado de retratar. Lo más suave que dicen de 'los Blanco, Garijo y cía' es que no han impedido que «se consumara lo más parecido al reparto de un botín entre corsarios». A partir de ahí las acusaciones son ya de «entrar en el reparto del pastel sin importarles el aumento de casi un 50% de asesores y altos cargos». Y de convertirse en «cómplices y coautores» del despilfarro en lugar de imponer «la racionalidad y la austeridad presupuestaria».