ASESINADOS DE SEGUNDA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Un 13 de julio de 1997 era asesinado el concejal del PP Miguel Ángel Blanco, un crimen de la banda terrorista ETA que provocó una gigantesca movilización en toda España. Muchos años antes pero también un 13 de julio, en 1936, José Calvo-Sotelo, líder de la derechista Renovación española, caía asesinado de un tiro en la nuca a manos de un pistolero que trabajaba como guardaespaldas del dirigente socialista Indalecio Prieto. La mal llamada memoria histórica no parece alcanzar a ninguno de los dos. El Congreso de los diputados no tuvo a bien recordar el sábado en su cuenta oficial de Twitter la muerte violenta de uno de sus miembros a pesar de que cada día refleja otros aniversarios (por ejemplo, que en 1939 Frank Sinatra grabó su primer disco). ¿Tal vez porque la autoría de este delito corresponde al entorno del mismo partido que ahora preside la Cámara baja y que es el gran impulsor de bucear en los sucesos trágicos de la guerra civil aunque sólo en aquellos que interesan a su causa)? Podríamos pensar -aplicando una ingenuidad sin límites- que no tiene nada que ver, que ha pasado mucho tiempo, ochenta y tres años para ser exactos, y que simplemente se les ha olvidado, no es que Batet lo haya impedido ni nada por el estilo. Pero si nos venimos en el tiempo al citado 1997, del que sólo han transcurrido veintidós años, nos encontramos con que la marca local de Podemos en Zaragoza se ha desmarcado de un homenaje a Miguel Ángel Blanco alegando razones administrativas y de procedimiento («venía impuesto desde la Fundación», «no estaba consensuado») que no les ha impedido en otras ocasiones sumarse a reconocimientos o a protestas y reivindicaciones por figuras mucho más polémicas y que jamás concitaron la unanimidad que en su momento provocó la muerte del edil vasco. Y también nos encontramos con que en Valencia ya se han cumplido dos años desde que el pleno del ayuntamiento acordó rotular una calle en su memoria, justo cuando se cumplían los veinte años del crimen, y todavía hoy no se ha encontrado una vía donde hacerlo, a pesar de los innumerables cambios de placas registrados para retirar nombres supuestamente franquistas y colocar los políticamente correctos, entre ellos el de alguna que otra activista comunista. De todo lo cual se deduce, una vez más, que los muertos de un bando son menos muertos que los del otro bando, el moralmente superior, el del pensamiento único. Calvo-Sotelo sobre todo pero también Miguel Ángel Blanco resultan molestos para mantener el relato de que los mártires los pone sólo una parte, una ideología, porque la otra, la de enfrente, es la que mata, la que dispara. Mejor, por tanto, olvidarlos, relegarlos, bajarlos a la segunda división. Todo sea por la causa del bien sobre el mal.