El arte taurino de un antitaurino

FERRAN BELDA

Para ser contrario a los toros y haber prohibido la celebración de alguna de sus modalidades en las pedanías de Valencia Ribó está demostrando que posee un profundo conocimiento de todas las suertes del arte de Cuchares, desde el pase natural a la espantada. Especialmente la espantada, un lance tan académicamente correcto, al decir de Rafael El Gallo, como los que se ejecutan con capotes o muletas. Lo admitía el Divino Calvo en el ocaso de su vida. Si notas que el toro te puede coger, afirmaba, ¿qué tienes que hacer? «Salir por pies. Pegar la 'espantá'», que es lo que hizo Joan Ribó en cuanto recibió un oficio del fiscal preguntándole cuántas aperturas de las compuertas de la Albufera había autorizado: renunciar a la presidencia de Junta de Desagüe del lago, cosa que no había hecho antes ningún otro alcalde desde 1738. Otro, en su lugar, habría aguantado mecha. La Albufera, a fin de cuentas, es una propiedad municipal y el alcalde es el presidente nato de la Junta de Desagüe. Pero correr sólo es de cobardes para los jugadores de fútbol. Y el cálculo que se hizo él fue otro: para ser meretriz y no ganar ná -lo ha declarado repetidamente- prefiero ser honrá. Dame pan y llámame Curro Romero sería otra forma de expresarlo. Nada nuevo, por otra parte, en su trayectoria. Se pelaba las reuniones del consejo de administración del puerto porque son vespertinas y las tardes son sagradas para él, ¿no se iba a pelar éstas, que encima le pueden costar un disgusto? Sea nuestra divisa/ poner a buen recaudo/ la camisa, debe haberse dicho parafraseando a Bernat i Baldoví. No es de todos modos la única suerte taurina que domina a la perfección, como sostengo. El pase cambiado le sale mejor que a Castella. Ahí está la subida general de impuestos para atestiguarlo. Toda una exhibición de ortodoxia y clasicismo. Prometer hasta meter/ y una vez metido/olvidar lo prometido. El trasteo, asimismo, lo borda. ¿Se habrán cerrado playas este verano por culpa de la deficiente depuración de las aguas residuales? Menos que trincherazos le ha pegado Ribó a ese morlaco para llevárselo al terreno donde más cómodo ha empezado a notarse esta temporada, el de la oposición a la ampliación del puerto. Sólo la porfía del criticado Fernando Giner, que analizó el agua de las acequias por su cuenta y se personó en Pinedo, estuvo a punto de aguarle la faena. Pero no gritó lo suficientemente alto lo que descubrió: con todo lo que ha caído en esas instalaciones -saqueo de Emarsa, orden de cierre, etc- la suya fue la primera visita que giraba un político a la depuradora en nueve años. Y Ribó pudo terminar su faena con un pase del desprecio demasiado arriesgado para sus deudos porque con ésta son ya dos las veces que esa res ha estado a punto de mandarlo a la enfermería. Y a la tercera puede ir la vencida.