ARTE CON FUEGO

MIKEL PAGOLA ERVITI

Miren que es difícil que una mascletá salga prácticamente perfecta, con tanta cosa funcionando, tantas mechas, espoletas y, hoy en día, cables. Es un espectáculo tan rápido que casi no tiene tiempos de reacción ni para bien ni para mal: ni para adelantarse a darle fuego a algo ni para atrasarse, que es peor. Pero Miguel Ángel Tomás Ortí es un artista (y tiene un muy buen equipo humano), y ayer logró prácticamente la cuadratura del círculo en la plaza del Ayuntamiento. Arreó una disparà de aúpa prácticamente redonda. Cargada de detalles y de 'dibujo'. Traca valenciana con sacramentos (reforzada -con golpeadores- y trueno final), respetada hasta el final. Tres inicios aéreos, en el norte, clavados e interesantísimos por su aparente simpleza pero con gran valor pírico por el juego y orden de elementos: 1) serpentinas rojas muy buenas; 2) chicharras y silbatos en verde; 3) rojo de nuevo pero todo con roncadoras. Todos con goteo de truenos y con el mismo esquema en dos golpes, elevando la potencia dramática en un recorrido de tres pasos aéreos. Luego, de cierre, algo moderno: una soberbia digitalización por todo el perímetro, zanjada con verdadera maestría técnica y con un toque artístico precioso al meter cuatro columnas de truenos en el lado entre Barcas y Correos, construyendo arte con fuego. Con un latigazo de truenos en el suelo y otro en el aire, herméticos ambos, zanjó todo de a una y pasó a tierra, ofreciendo una mascletá súper bonita, hasta con espoletas de color, acompañada en el lado este con, entre otras cosas, crosetes de color y pitos. También hubo humos, rojos, azules y amarillos. Y el rizo: entró al terremoto de forma natural (mecanizado con estopín), atreviéndose a tener todo conectado con mecha, y tan sólo con tres ramales espoletados. Y el final, con la misma cabeza y buen gusto de lo demás: aumentativo y lógico. Volvió a digitalizarlo todo, claro, y añadió un último plus al lanzar truenillos progresivamente en anillo, en el cielo, generando una expectación indescriptible e inolvidable, zanjada de cuajo, en su clímax, con un final asombrosamente hermético.