¡ARRANCA!

La ausencia de un pensamiento crítico, la nula reflexión sobre las palabras, aboca al disparate lingüístico

ANTONIO VERGARA

Es un misterio dónde nacen determinadas palabras y cómo se extiende su uso -su mal uso- a la velocidad de la luz. De pronto, de un día para otro, desaparecen vocablos de siempre y son sustituidos por los 'nuevos' en todos los medios informativos. Es una veloz pandemia que se instala en la sociedad sin remisión.

Sobre este particular hay un libro magnífico, de lectura obligatoria, titulado 'El dardo en la palabra', del eminente filólogo Fernando Lázaro Carreter, fallecido en 2004. Es una recopilación de artículos sobre el correcto uso del castellano. Sus dardos van dirigidos fundamentalmente a los medios de comunicación -deteniéndose pacientemente con los periodistas deportivos-, los políticos y los personajes públicos.

Lo significativo es que muchos de los errores y sonsonetes que criticaba, no han desaparecido. No hay pueblo más ágrafo e impermeable a la sabios que el español. Para más Inri absorbe inmediatamente la palabra 'guay' de moda, que entra a formar parte de su torrente sanguíneo y de sus escasas neuronas.

La ausencia de un pensamiento crítico, la nula reflexión acerca de las palabras y la carencia de lecturas de calidad, abocan al disparate lingüístico, malsonante e incluso grosero.

El drama se ha agravado con la nuevas y nocivas tecnologías. Por su culpa han desaparecido los artículos, así en la escritura - 'Twitter' -el mayo catálogo universal de barbaridades de fondo y forma- como en la verbalización. En un restaurante el camarero preguntan al cliente: «¿Comerá en barra o en mesa?». Prescindiendo del artículo 'la' y dando a entender que son dos puntos geográficos.

Ahora bien, el verbo que está en la boca de todos los homínidos españoles desde hace aproximadamente un año es 'arrancar'. Este maldito verbo ha enterrado a 'iniciar', 'comenzar', 'empezar', 'principiar' etc.

Ahora todo 'arranca' (inclusive en los grandes titulares). 'Arrancan' los Oscar (como si alguien hubiera robado la famosa estatuilla); 'arranca' la 'grabación' y no el rodaje de la película 'Sueño por escuchar mi llanto triste', de Pedro Almodóvar; 'arranca' la primera parte del Palamós-Ponferradina; 'arranca' la operación retorno; 'arranca' la vendimia; 'arranca' el huracán Flora. Todo lo que antes 'empezaba' o 'comenzaba', hoy 'arranca', menos si son frutas y hortalizas.

Últimamente han hecho acto de presencia en la radio y la televisión los aumentativos. Al parecer, los cachibaches son más grandes, mejores o más premiados si los locutores/locutoras y las presentadoras/presentadores los anuncian con un estentóreo aumentativo: ¡El 'premiazzzzooo del trimestreeeee'!; 'y ahora vamos con el ¡'momentazoooooo': Lejíaaaaaaaaa el cocodrilooo de la sabana africanaaaaa!

¿Y qué me dicen de la palabra 'peli' o las 'pelis'. Se contagia de tal modo el nuevo lenguaje 'guay' y 'modelno' entre el ganado de las grandes ciudades que hasta a algunos grandes críticos (viven muy pocos) se les escapa a veces la palabreja 'peli'. El único que no cae en la trampa de la banalidad y la memez es José Luis Garci. Una 'peli' no es una película. Una 'peli es una chorrada. Y quien llama 'peli' a una película es un frívolo/la que todavía considera que 'La mujer del teniente francés' (1981) es una obra maestra. Sí, pero de la cursilería. 'Tierras lejanas' (1954) es una película y no una 'peli'.

No es menos cierto que la escuela del lenguaje no reside como debiera en la escuela. Cuando los niños tienen edad -muy temprano: a los tres o cuatro años- se enchufan a los artilugios audiovisuales y adiós a 'con ansia extrema de mirar qué tiene/vuestro pecho escondido allá en su centro, y a ver si a lo de fuera lo de dentro/en apariencia y ser igual conviene' (Garcilaso de la Vega).

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos